22 de mayo de 2019

LYN COLLINS: La predicadora del funk

Hoy me gustaría recordar a una poderosa vocalista que si bien disfrutó de las mieles del éxito con el clásico “Think (about it)”, no es menos cierto que, con el ineludible paso del tiempo y por culpa de una discografía demasiado breve, su figura quedó sumida en el olvido.
Gloria Lavern Collins (aka Lyn Collins) nacida en Lexington (Texas) en 1948, aunque criada en Abilene (en el mismo estado), destaca desde la adolescencia por su portentosa voz, dando sus primeros pasos en el grupo local The Charles Pike Singers y grabando su primer single, “Unlucky in love”, con 14 añitos. Casada posteriormente con el promotor por aquella época de James Brown, a quien conoce tras un concierto en 1968, no descansa hasta enviarle una maqueta, que dejará impresionado al Padrino del Soul.
En 1969, la vocalista Marva Whitney deja una vacante en el grupo de Brown, pero el puesto es adjudicado finalmente a Vicki Anderson, en detrimento de nuestra protagonista. En 1971, mientras espera su oportunidad, entra en un estudio de Macon (Georgia) para grabar unos temas con James Brown; dos de ellos, “Wheels of life” y “Just won’t do right” son publicados como single en el sello del soulman, People Records (perteneciente a la discográfica Polydor Records). Meses más tarde, Anderson deja la banda y se incorpora Lyn CollinsDe ese modo, y con apenas 23 años, empieza a girar con la engrasada banda de Mr. Dynamite. Sus aullidos y su voz profunda y potente, que evoca a la vieja escuela del góspel, le hace ganarse el apelativo de “The Female preacher” aunque, inevitablemente, y coincidiendo con la fase más funk de James Brown, la voz de Lyn se escoró hacia ese estilo.
Por fin, en 1972, se publica el debut de Lyn Collins, “Think (about it)”, bajo la producción del Padrino (que aporta además cuatro de los nueve cortes del álbum) y el acompañamiento de su banda, the J.B.’s. El single homónimo se convierte en un clásico instantáneo y en un himno feminista, con el sello inconfundible de James Brown. Aunque oficialmente acreditado a éste, hay versiones que sostienen que Lyn tuvo mucho que ver en la elaboración de la letra del tema, una reacción contra los hombres que se aprovechan de las mujeres y un alegato a no aceptar un papel sumiso ante ellos.
De hecho, en un momento en el que coincide la liberación de la mujer y la creciente influencia del black power, Lynn Collins, junto a vocalistas como Betty Davis o Marlena Shaw y sus himnos feministas reivindicativos, van a adquirir un importante protagonismo en la primera mitad de los setenta. En cualquier caso, el pegadizo single se convierte en un auténtico pelotazo, alcanzando el puesto nº9 en las listas R&B, y como consecuencia de ello, el álbum también se vio beneficiado por unas más que generosas ventas. Sin embargo, el disco es algo más que “Think (about it)”. En primer lugar, las restantes composiciones aportadas por el Padrino son soberbias: “Just won’t do right” es una preciosa balada arropada por un órgano de iglesia, una efectiva sección de viento y las compenetradas voces de Collins y Brown. “Things got to get better”, es otro corte de puro funk que gana enteros con la prodigiosa voz de Lyn, mientras que “Women’s lib” es otro maravilloso tema lento con tintes reivindicativos que permite a la vocalista lucir su poderoso registro.
En segundo lugar, la acertada elección de las versiones. “Wheels of life”, es una composición con un poderoso e intenso groove que recuerda a la Aretha Franklin de los buenos tiempos. La archiconocida “Ain’t no sunshine” adquiere un tono dramático y desesperado frente a la dulzura de la original de Bill Withers, mientras que imprime su personalidad a las famosas “Never gonna give you up” de Gamble/Huff/Butler y el “Reach out for me” de Burt Bacharach, finalizando el trabajo con una explosiva adaptación del viejo standard “Fly me to the moon” de SinatraDesgraciadamente, James Brown, además de un músico talentoso y un estricto líder, era un astuto hombre de negocios y Lyn Collins, como el resto de la banda, una simple asalariada, así que no recibió ningún tipo de royalties ni participó apenas de las ganancias por el éxito del álbum. A pesar de esta circunstancia, siguió girando y grabando con el Padrino. Así, en 1973, graba “Mama feelgood” y “How long can I keep it up” para los soundtracks de “Black Caesar” y “Slaughter’s Big Rip-Off”, respectivamente, así como un excitante dueto junto a su “jefe”: “What my baby needs now is a little more loving”.

1975 será el año de la publicación de su segundo disco, “Check me out if you don’t know me by now”, bajo la producción de James Brown nuevamente, un álbum igual de recomendable que su debut , donde la vocalista demuestra su absoluta madurez y amplitud de registros, desde temas sedosos (“To each his own”, “Put it on the line”…) hasta cortes de volcánico funk (“Rock me again & again & again & again…”, “Baby don’t do it”). 


Igual de inspirados se encuentran en la selección de las versiones. Como sucedió en el anterior trabajo con “Fly me to the moon”, lo vuelve a intentar con un standard de los Gershwin, “A foggy day”, en una adaptación insólita y sorprendente; también con un par de composiciones del sonido Philadelphia, “Backstabbers” de los O’Jays e “If you don’t know me by now” de Harold Melvin & the Blue Notes, así como el clásico del sello Stax, “Mr. Big Stuff” (popularizado por Jean Knight) y el eterno “Try a little tenderness” de Otis Redding
Especialmente recomendable es la edición en cd publicada a mediados de los noventa que incorpora la friolera de ocho temas extra, que podrían haber formado parte de un hipotético tercer trabajo y el nivel no hubiese decaído en absoluto. De hecho, cortes como “Me and my baby got a good thing going”, “Take me just I am”, “We want to party, party, party”, “Give it up or turn it loose” o “You can’t love me if you don’t respect me” podrían haber pertenecido sin ningún problema a cualquiera de sus dos álbumes. El único aspecto negativo de “Check me out…” es, bajo mi punto de vista, su desafortunada portada (con una imagen poco glamurosa de la vocalista). 
Lyn Collins abandona la disciplina de James Brown en 1976 y se instala en L.A., donde compagina su trabajo en las oficinas de los estudios de grabación Record Plant con su labor de vocalista de sesión y corista para estrellas como Dionne Warwick, Rod Stewart o Al Green, entre otros. Ya en la década de los ochenta, con dos hijos, y repartiendo su tiempo entre California y Abilene, participa en la banda sonora del film “Dr. Detroit” (1983) y en el show televisivo “Fame”. En 1988, el sello británico Urban reedita su dos álbumes para Polydor con el objetivo de atraer a una nueva generación de oyentes y los raperos Rob Base & DJ E-Z Rock triunfan con “It takes two”, un tema donde samplean sin piedad el consabido “Think (about it)” (no serán los únicos ya que otros artistas como Janet Jackson, Public Enemy o De la Soul han utilizado también su música y voz). 
Además, como consecuencia del renovado interés por todo lo concerniente a James Brown, el sello belga ARS logró tentar a Lyn Collins para volver de nuevo al estudio y grabar el tema house “Shout”, en un intento de recuperarla para una nueva audiencia. Incluso en 1993, participa en la versión que la cantante dance Patra efectúa de su clásico “Think (about it)” adaptada a los nuevos tiempos que corren. En 1998, Polydor publica un recopilatorio titulado “James Brown’s Original Funky Divas”, en el que se incluyen once cortes de Lyn Collins, además de temas de otras vocalistas relacionadas con el Padrino como Vicki Anderson, Anna King o Marva Whitney. Junto a Martha High, otra antigua pupila del soulman, se embarca en el 2005 en su primera gira en solitario por países europeos.
Desgraciadamente, dos semanas después de su regreso, fallece el 13 de marzo, a los 56 años, como resultado de una arritmia cardiaca. Como suele suceder en estos casos, la discográfica Universal Music se apresuró a publicar un recopilatorio titulado “Mama feelgood: The best of Lyn Collins” (2005), mientras que el sello High & Fly editaría un directo de su reciente gira europea un año más tarde.
Lyn Collins era una colosal cantante que hubiese merecido disfrutar de un mayor reconocimiento y de una carrera más longeva, si bien es probable que se haya visto eclipsada y relegada a un segundo plano por la gigantesca e influyente figura de su mentor, James Brown.

Artículo escrito por LITTLE BASTARD

(videos:TT V-Rus 1138/gebjgbtl571)

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