septiembre 18, 2019

ME CASÉ CON UN MONSTRUO DEL ESPACIO EXTERIOR (1958)

El amor puede ser un arma de doble filo
No puedo esconder mi pasión por esta clase de películas de serie b de ciencia ficción de la mágica década de los años 50. En aquellos años hubo todo un mundo lleno de film que mostraban el temor del pueblo norteamericano por la temible guerra nuclear. Ante esta perspectiva de apocalipsis a la vuelta de la esquina el cine como suele hacer con casi todo aprovechó la ocasión para realizar toda clase de productos que van de la A a la Z. Por el camino se han quedado un buen puñado de clásicos ya sean de primer orden en cuanto al presupuesto invertido como serie b que lograron con imaginación sacar partido a sus pocos medios un resultado más que aceptable. Pero no solo de films donde el tema nuclear era el centro de atención, hubo otras corrientes y subgéneros que salieron como moscas atraídas por olores poco deseables. Uno de los más populares y que cuenta con algunos interesantes títulos es el de suplantación de identidad. Ahí es donde entra esta "Me casé con un monstruo del espacio exterior" (nombre genial para un film). 
Esta cinta viene dirigida por Gene Fowler Jr. director que ya hizo  (fue su debut) un producto parecido con Yo fui un hombre lobo adolescente un año antes (y que era muy divertida). En esta ocasión se pone más serio para narrar como en el día de su boda Marge Bradley Ferrel (interpretada por Gloria Talbott) ve como su prometido Bill Farrell (en la piel del actor Tom Tryon) llega con retraso, pero algo en el le resulta desconcertante. Un año después de la boda sus sospechas se van incrementando. El film es un intento serio (enmascarado en una producción de serie b de apenas 125.000 dólares) de retratar la paraonia del comunismo tan en boga en aquellos años. 
"Me casé con un monstruo del espacio exterior" pese a lo que pueda parecer es una película que se sustenta en unas buenas interpretaciones, una dirección bastante correcta junto al diseño muy acertado de los extraterrestres, que como vemos tiene cierto aire al Cthulhu de Lovecraft. Este fue diseñado por el propio Gene Fowler. No se puede esconder que la cinta puede llevarnos a pensar en la estrenada el año anterior La invasión de los ladrones de cuerpos que dirigió Don Siegel. Pese a esa similitud la verdad es que esta película se sustenta por si misma, tiene personalidad y un guión que difiere bastante de la anteriormente comentada. Un film en definitiva del que se pueden sacar lecturas interesantes, que va un poco más allá del entretenimiento propio de estos artefactos de sesión doble. No obstante detrás está la poderosa Paramount Pictures, por lo que como mínimo se preocuparon de realizar una producción con empaque dentro de sus limitaciones y mercado al que iba dirigido. Yo la meto en el saco de las mejores cintas del género de aquellos años sin duda, y que el paso del tiempo no ha estropeado más allá de ciertos tics y efectos especiales lógicamente. 

Puntuación general:7/10

(fotos:IMDB.video:Attack from Planet B)

septiembre 15, 2019

THE BOX TOPS:Soul blanco desde Memphis

Antes de nada debo confesar que hubo una época donde apenas conocía a esta banda y que además tenía una idea preconcebida sobre la misma: pensaba que eran una especie de grupo prefabricado, una especie de títeres en manos de unos avezados productores; en definitiva, otros “one hit wonders” (“The letter”). Lógicamente estaba completamente equivocado, aunque me da la sensación después de profundizar en su historia que, por una serie de causas que más adelante intentaré desvelar, no llegaron a explotar todo su potencial creativo.
El hecho es que el grupo comienza su andadura en 1963, llamándose primero Ronnie and the Devilles y más tarde The Devilles, con la habitual entrada y salida de miembros que suele producirse durante su creación, fogueándose en los clubs de Memphis, hasta que saltan a la palestra en 1967 al ganar la batalla semanal del concurso de bandas de dicha ciudad.

La formación (ya consolidada) contaba por esa época con Alex Chilton (vocalista y guitarra), John Evans (guitarra, teclados, coros), Bill Cunningham (bajo, teclados, coros), Gary Talley (guitarra, sitar, bajo, coros) y Danny Smithe (batería); consiguen fichar por el sello Bell Records, grabando en los American Recording Studios de Chips Moman, bajo la producción del prestigioso compositor Dan Penn con el definitivo nombre de The Box Tops, para evitar la confusión con otra banda que actuaba con el nombre de Devilles.
En el estudio, Penn les mostró varios temas escritos por un colega suyo, Wayne Carson Thompson (co-autor del clásico “Always on my mind” de Elvis Presley), entre ellos “The letter”, que había compuesto en un par de horas a partir de una frase que le había escuchado a su padre (“Give me a ticket for an aeroplane…”) y que trataba sobre un chico que recibe una carta de un antiguo amor donde le confiesa los momentos tan especiales que vivió junto a él. Al protagonista le da una especie de “subidón” y sólo piensa en adquirir un billete de avión y reunirse con su amada. 
Todos los detalles de esa composición de apenas dos minutos son perfectos: la inocente letra, la perfecta mezcla de soul y pop que definirá el estilo del grupo, el ritmo pegadizo, los precisos y oscuros arreglos de viento y cuerda y, sobre todo, el vozarrón negroide que se gasta Alex Chilton a sus 16 añitos, en un registro completamente distinto a la fragilidad que mostrará con los futuros Big Star. Por supuesto, el tema se convirtió en un superéxito internacional, alcanzando el número uno en las listas de medio mundo (llegando a vender la friolera de cuatro millones de copias) y convirtiéndose en una canción legendaria desde el momento de su publicación. De hecho, volvería a triunfar en 1970 en la voz de Joe Cocker.  Otro de los temas aportados por Carson es “Neon Rainbow”, un adictivo corte de carácter pop, con una letra psicodélica muy acorde con aquella época, y ambos pasarían a formar parte de un más que notable debut, “The letter/Neon Rainbow”, aparecido a finales de 1967, donde también destacan “Happy times”, una optimista composición soul de Dan Penn y Spooner Oldham (quienes también aportan “Everything I am”, “I’m your puppet” y “I pray for rain”), además de dos versiones de un emergente Bobby Womack (“People make the world” y “Gonna find somebody”), la nostálgica “Trains and boats and planes” del dúo Bacharach/David, la country “Break my mind” de J.D. Loudermilk (versionada en los noventa por The Jayhawks) o una delicada adaptación del superéxito de Procol Harum (“A whiter shade of pale”). 
Sin embargo, los primeros focos de tensión surgen en el seno del grupo cuando la discográfica impone a músicos de sesión (Reggie Young, Tommy Cogbill, Gene Christman, Terry Manning o el propio Bobby Womack) para respaldar a Chilton, en detrimento de la propia banda, aunque éstos habían tocado en “The letter” y en las propias actuaciones en directo.
En 1968 publican otro interesante álbum, “Cry like a baby”, nuevamente bajo la producción de Penn, que compone junto a Oldham el excitante tema homónimo (versionado posteriormente por artistas tan diversos como Hacienda Brothers o Kim Carnes) lanzado como single y sobrepasando el millón de copias, el excepcional “Fields of clover” y otros cortes más que notables (“Everytime” o “727”). Del resto destacan un par de covers del infravalorado Mickey Newbury (“Good morning dear” y “Weeping Analeah”), el inmortal himno de las Supremes (“You keep me hangin’ on”), la extraña “Deep in Kentucky” de Bill Davidson o la emotiva “Lost” de Glen Spreen y Mark James.
Siguiendo el ritmo asfixiante de publicaciones, a mediados de 1968 ve la luz “Nonstop” (un título bastante premonitorio de la velocidad a la que circulaba la carrera del grupo), aunque antes ya se habían bajado del barco tanto Evans como Smythe, que deciden retomar nuevamente los estudios, siendo sustituidos por el bajista Rick Allen (The Gentrys) y el batería Thomas Boggs (Board of Directors
Dicho álbum será la última colaboración con Dan Penn en materia de composición y producción, aunque la máquina siga funcionando a pleno rendimiento. Destacan, en esta ocasión, la bluesy “Choo-choo train”, un inspirado tema del soulman blanco Eddie Hinton (quien también aporta “If I had let you in”), la palpitante ”She shot a hole in my soul”, un par de contribuciones del binomio Oldham/Penn (la conmovedora “People gonna talk” y la gospeliana “I met her in church”) y el nostálgico corte de Wayne Carson Thompson (“Sandman”). Del resto del material, versiones del clásico de Hank Snow (“I’m movin’ on”), de B.B. King (“Rock me”), Randy Newman (“Let me go”) entre otras, y por primera vez, Alex Chilton consigue colar dos composiciones: La funky “I can dig it” y la balada soul “Since I been gone”.
A finales de 1968, tomarán el relevo como productores Tommy Cogbill y Chips Moman y el resultado será “Dimensions” (1969), a la postre el último trabajo de esa primera época. De entre los cortes de este álbum sobresalen el tema que inaugura el mismo, el optimista “Soul Deep” de Wayne Carson Thompson, que será el último gran éxito de la banda, el ritmo juguetón de la popera “Sweet cream ladies, forward march”, tres nuevas aportaciones de Chilton, que se empieza a destapar como un gran compositor (el escalofriante tema soul “Together”, el turbador blues “I must be devil” y un notable corte con sabor country “(The) happy song”) o adaptaciones de Dylan (“I shall be released”) y Neil Diamond (“Ain’t that way”).
Ese mismo año Cunningham abandona el grupo y es sustituido por Harold Cloud. Pero en 1970, tras una fallida gira por Gran Bretaña, y aunque en primera instancia Alex Chilton y Gary Talley pretenden seguir adelante con el grupo, el ritmo frenético de lanzamientos, la falta de libertad en la toma de decisiones y la manipulación que han sufrido desde adolescentes por parte de abogados, managers, promotores, productores o la propia discográfica han provocado un total desencanto y lleva a la disolución del grupo.  No obstante, el sello Bell Records seguirá editando singles hasta 1971 del material que aún conservaban de la banda, aunque con escaso éxito; entre otras, “Turn on a dream”, la agridulce composición de ChiltonI see only sunshine” o la pegadiza “You keep tightening up on me” de Wayne Carson Thompson, que hubiesen merecido mejor suerte.
Sin embargo, por extraño que parezca, como el nombre de Box Tops era una especie de marca registrada perteneciente a una determinada compañía y todavía conservaba cierto prestigio y potencial de ventas, se siguió explotando ocasionalmente (por supuesto sin ningún miembro original) y con la voz de los desconocidos J.J. Breeze o Ron Jordan, publicándose una serie de singles tanto en el sello de Al Green o Ann Peebles, Hi Records (“Sugar Creek Woman” en 1972 y “Hold on girl” en 1973) como en Stax, “Willobee and Dale” (1974), pero todos esos sencillos pasaron con más pena que gloria. La mayoría de los miembros del grupo continuaron involucrados, en mayor o menor medida, en la industria discográfica. El más conocido, Chilton, fundó los malditos Big Star, formó parte de Tav Falco’s Panther Burns, ejerció esporádicamente como productor (The Cramps, The Gories, etc) y mantuvo una irregular carrera en solitario. Gary Talley siguió trabajando como guitarrista de sesión y compositor (Billy Preston, Hank Ballard, Chips Moman, Waylon Jennings, Webb Pierce, Willie Nelson, Tammy Wynette o Sam Moore de Sam & Dave). Y mientras que Bill Cunningham obtuvo una plaza en la prestigiosa orquesta de la Casablanca (Washington DC) tras finalizar sus estudios musicales, John Evans tocó ocasionalmente en diversas bandas de Memphis, mientras trabajaba como lutier, hasta que se centró en el lucrativo negocio de la informática. Por su parte, Danny Smithe también participó en diversas bandas de soul y blues de Memphis en los setenta, se dedicó al negocio del arte en los ochenta y volvió a la música en los noventa.
En 1989 se produjo una reunión con motivo de un concierto en Nashville con Alex Chilton, John Evans, Gary Talley y Harold Cloud, a los que se unió Gene Houston como batería. Sin embargo, es en 1996 cuando se produce la reunificación definitiva de la banda, auspiciada por Bill Cunningham (regresando de paso Smythe a la batería), grabando un nostálgico y quizás innecesario álbum de retorno autoproducido, “Tear off!” (1998) con versiones de Bobby Womack, Eddie Floyd, Willie Dixon, Sam Cooke, The Gentrys, etc y una nueva recreación de “The letter”.
En 2001, participan en un insólito disco recopilatorio titulado “When pigs fly” donde diversos artistas realizaban versiones alejadas a priori de su estilo (por ejemplo, el actor Jackie Chan y la cantautora Ani Difranco interpretaban el “Unforgettable” de Nat King Cole), y donde The Box Tops contribuyen con una curiosa adaptación del “Call me” de BlondieGracias a este comeback, la banda siguió girando ocasionalmente hasta mayo de 2009, fecha en la que participan en un festival en Memphis. En 2010, desgraciadamente fallecía el gran Alex Chilton de un ataque al corazón, con lo que presumiblemente se ponía punto y final a la historia de los Box Tops.
Existe un excelente recopilatorio titulado “Soul deep” (1996), para los que desconozcáis a esta notable banda más allá de su celebérrimo “The letter” y que bien puede funcionar como punto de partida para sumergirse en su más que recomendable discografía.

Artículo escrito por LITTLE BASTARD

septiembre 12, 2019

2x1 en serie: VIKINGS Y REVENGE


Vikings: Entre la ficción y la realidad histórica.
Era el año 2014 cuando el History Channel trae a su pantalla una serie canadiense llamada “Vikings” y en seguida fue un éxito. Ésta cuenta la historia de un grupo de vikingos del reino de Kattegat y sus primeros viajes a Europa occidental entre el siglo VIII y IX.
Estos hombres y mujeres están guiados por su “rey”, Ragnar Lodbrok (interpretado por Travis Fimmel), un hombre valiente, soñador y, sobre todo, muy ambicioso. Y será propio esto último que lo llevará a rebelarse contra el líder de la población normanda local y, junto a su hermano Rollo y su fiel amigo Floki, ir a descubrir nuevas tierras, la Bretaña.
Es también con este personaje de Ragnar Lodbrok que comienzan a encontrarse las dificultades en las precisiones históricas sobre determinadas vivencias, ya que es él y no otro, el eslabón principal de todos y cada uno de los personajes secundarios (que en la medida que la serie va adelante dejan de ser secundarios).
De todos modos, y a pesar de las muchas incongruencias a nivel histórico que tiene la serie, es una historia que atrapa un episodio tras el otro. El ambiente que han recreado de estas frías y lejanas tierras; las batallas y combates de estos míticos guerreros; la lucha de poder, de hacer prevalecer una religión sobre la otra (por un lado el cristianismo europeo y por otro las religiones paganas y politeístas de las tierras nórdicas) y, obviamente, el amor y la pasión... todo hace a una serie que merece la pena ver.

Revenge:Un Conde de Montecristo en versión femenina.

En el 2011 el ABC Studios transmite una serie televisiva estadounidense libremente inspirada en la novela de Alexandre Dumas, “El conde de Montecristo”.
Emily Thorne llega a Hamptons y todos parecen ponerse a sus pies. Cómo no hacerlo, si ella es joven, hermosa, inteligente y, encima, millonaria. Todos parecen estar encantados con ella... todos menos Victoria Grayson. Hay algo en Emily que le crea desconfianza, y no se equivoca. Emily Thorne no es quien dice ser, y sólo ha llegado hasta allí para vengarse de todos aquellos que han destruido a su familia.
Hay sólo una persona que reconoce a Emily Thorne como aquella dulce niña que un tiempo vivía allí con su padre, la adorable Amanda Clarke, y éste será su amigo y cómplice en la venganza: Nolan Ross.
Una historia obvia, muy predecible, sobre todo si alguien ha leído la maravilla de Dumas. Una serie para adolescentes si se quiere; algo para pasar el rato, sin hacer demasiada atención. Si busca salgo “ligero”, esta serie es la respuesta.




Artículos escritos por ALMA BAIRES

(fotos:IMDB)

septiembre 09, 2019

QUIEN A HIERRO MATA (2019)

Cuando el pasado se tiñe de rojo venganza
El thriller es un género que España está explotando bien en los últimos años, muchos son los títulos que han gozado del favor de público y crítica en este tiempo, pero también se lleva cultivando desde hace muchas décadas. Recientemente a llegado a nuestras pantallas "Quien a hierro mata", dirigido por Paco Plaza. El director que debutara con una muy interesante cinta en 2002 llamada El segundo nombre y saltara al primer plano con Rec en 2007, en colaboración en el arte de dirigirla junto a Jaume Balagueró, lleva un tiempo creciendo en esas artes. Con el tiempo Paco Plaza se está convirtiendo en un gran narrador de historias, y que para mi consigue con este film su mejor película en ese aspecto. A la cabeza del pelotón actoral se encuentra Luis Tosar, que junto a Antonio de La Torre parecen copar todos o la mayoría de papeles más jugosos de los últimos años en las producciones patrias. Hay a quién esto le molesta, pero cuando ves sus actuaciones por lo general son maravillosas, y en un amplio espectro de personajes. 
"Quien a hierro mata" nos cuenta cómo en Galicia un jefe de enfermeros de un geriátrico verá como su tranquilidad se verá trastocada con la llegada de un famoso narcotraficante de la zona. El pasado de nuestro protagonista saldrá entonces a la luz para hacer frente al presente. Estamos ante una película que se mueve entre el drama más aterrador y el thriller, haciendo una mezcla bastante buena que su director consigue llevar a buen puerto en líneas generales. Rodeando el personaje de Mario (Luis Tosar) tenemos a la actriz María Vázquez (Julia, su mujer), a los actores Xan Cejudo (el narco jefe Antonio Padín), Ismael Martínez (Toño, hijo mayor de Padín) y Enric Auer (como hijo menor de Padín). Este cuarteto es el grueso donde se sustenta la historia y gira la trama. 
Una parte importante de este film recae en la extraordinaria fotografía de Pablo Rosso que lleva acompañando al director desde hace mucho tiempo. "Quien a hierro mata" tiene todos los ingredientes para hacernos pasar un rato incómodo en la butaca (en el buen sentido, a mí me lo hizo pasar), un amargo thriller de venganza que se muestra impertérrito ante sus propias dramas interiores. Hay que decir que el guión de este film corre a cargo de Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría (este habitual en el cine de Álex de la Iglesia). Con todo quizás el film peca de querer ser turbador retorciendo en exceso su propio mundo, recreándose en mostrar unas secuencias algo duras y explícitas, haciendo innecesario este hecho a mi parecer. Junto a algunas lagunas menores en el guión. Lo que no cabe duda es que es una de las mejores cintas españolas de esta temporada.

Puntuación general: 7.5/10

(fotos:atresmedia.video:Sony Pictures España)

septiembre 04, 2019

CODE BLUE "Code blue" (1980). Banda maldita de la nueva ola

Existen bandas o artistas que a priori cumplen todos los requisitos para lograr el éxito: Talento, canciones con potencial para triunfar y una poderosa discográfica respaldándolos comercialmente pero que, contra todo pronóstico, fracasan estrepitosamente, como los protagonistas de este artículo, la banda Code Blue.
Dicho grupo surge de la mente de Dean Chamberlain, oriundo de San Mateo, al sur de San Francisco, que comienza a tocar la guitarra con 14 años y tiene la suerte de ver en directo durante su juventud a mitos como Jimi Hendrix, Big Brother and the Holding Company o Howlin’ Wolf, gracias a coincidir con la esplendorosa época de Bill Graham como organizador de conciertos. Pasará un año en Brasil ampliando su paleta musical mientras su padre trabaja como médico para los Cuerpos de la Paz. A la vuelta a Estados Unidos, estudia en la Universidad de Santa Cruz (California) durante un par de años antes de trasladarse a Berkeley, donde conoce a Martha Davis, que junto a Richard D’Andrea, Robert Newman y Chuck Wada, formarán el germen de unos primerizos The Motels.
Chamberlain, culo inquieto donde los haya, se traslada nuevamente a L.A. Allí encuentra trabajo en los legendarios estudios de grabación Paramount, donde logra asistir y colaborar en las sesiones de grabación de leyendas como Sly Stone o Bobby Womack, para posteriormente pasar a formar parte de la nómina de Warner Brothers en su departamento de A&R.
Martha Davies y el resto de los Motels deciden trasladarse también a L.A. en busca de una oportunidad, de manera que Dean vuelve a unirse a la formación. Y aunque a su llegada, la banda no encaja en la escena angelina, lo que supone un serio impedimento a la hora de mover maquetas y buscar salas donde tocar, en 1977 el punk empieza a tomar las calles de L.A. y gracias a ello, The Motels empiezan a recibir atención, incluida la de un desubicado Phil Spector. Chamberlain, desencantado por su menguante participación en el grupo y viendo que la vocalista se convierte en el principal foco de interés, decide seguir por su cuenta. En ese momento, Dean ya había progresado lo suficiente musicalmente y tenía en su mente el sonido exacto que debía tener una auténtica banda de rock and roll cuyo objetivo fuese lograr la atención del público. Para desarrollarlo y poder componer material, alquila un local en Hollywood. Después de numerosas audiciones, recluta al batería Randall Marsh (proveniente de los Mudcrutch de Tom Petty que, curiosamente, volverán a retomar su actividad casi tres décadas después) y al bajista Michael Ostendorf. El plan es ensayar durante 6 meses antes de una hipotética primera actuación, ya que sólo disponen de una canción hasta esa fecha.
Todos los temas que formarán parte del álbum fueron escritos durante ese periodo y en cualquier lugar donde a Dean le apareciese la inspiración. Así, “Modern times”, surgió en la casa familiar de Marin County donde su familia pasaba las vacaciones, mientras que “Hurt” la compuso en el apartamento de Lisa Brenneis (ex-bajista de The Motels).

La banda, conocida provisionalmente como Skin, comienza a tocar a finales de 1978, compartiendo escenario ocasionalmente con unos remozados The Motels. Las compañías discográficas empiezan a tomar nota del sonido original del grupo. Curiosamente, un ejecutivo A&R de Warner Brothers decide ir a ver a Skin en directo y descubre a su asistente, Dean Chamberlain, al frente de la formación como vocalista y guitarrista. A pesar de una suculenta oferta por parte de Columbia Records, obviamente acaba firmando por la compañía donde trabaja. La producción del álbum es asignada a Nigel Gray, responsable de los dos últimos trabajos de The Police hasta ese momento, ”Regatta De Blanc” y “Zenyatta Mondatta”, el cual sugiere ir a grabar a Londres. Un desacuerdo, tanto en la parte creativa como en la económica, provocan que el bajista Michael Ostendorf se desentienda del proyecto, justo cuando van a comenzar las sesiones. El puesto, finalmente, es adjudicado a un mercenario de lujo, Gary Tibbs (The Vibrators, Adam & The Ants o los Roxy Music de Manifesto). Con el definitivo nombre de Code Blue, se trasladan a Londres donde graban en los legendarios estudios Olympic (The Rolling Stones, The Beatles, Led Zeppelin…). Gray propone grabar los overdubs del disco en su propio estudio, al sur de Inglaterra, pero una serie de desavenencias con la banda provocan que ésta regrese a L.A. a completar el trabajo a las órdenes del ingeniero Mike Stone (Queen, Bee Gees, Whitesnake, Fran Zappa, Asia, etc.) Incluso el viejo compinche de Randall Marsh en los tiempos de Mudcrutch, Bemmont Tench (transformados posteriormente en Tom Petty & The Heartbreakers), participará en las sesiones añadiendo teclados.
El álbum resultante será “Code Blue” (1980), un disco de sonido enérgico, potente, refrescante y original, donde podemos encontrar desde trallazos frenéticos y rockeros (“Whisper/Touch”, “Other end of town”), influencias thinlizzyanas (“Modern times”, “Paint by numbers”), punk (“Somebody knows”), hits comerciales (“Face to face”, “Where I am”), melodías inquietantes (“The need”, “Hurt”) o power-pop (“Settle for less”). Lo que debería haber sido el principio de una carrera deslumbrante comienza con mal pie; mientras preparan la gira de promoción del disco, en la que van a ejercer de teloneros de Thin Lizzy (¡vaya casualidad!), Gary Tibbs deja la banda, uniéndose a la misma a última hora Joe Read (Bram Tchaikovsky). A pesar de que se les dispensa un recibimiento positivo en su primer concierto en Columbus (Ohio), la sensación general durante el tour es de indiferencia absoluta hacia la banda, lo que les deja muy tocados anímicamente. A eso hay que añadirle la incomprensible falta de respuesta comercial del disco, dado el evidente potencial del mismo, provocando que Chamberlain se plantee el nuevo giro estilístico a seguir. Finalmente, la banda se disolverá al cabo de un año dejando como legado póstumo un álbum de maquetas titulado “True stories” (1983).
Una vez disuelto el grupo, el vocalista lo intentó con otros proyectos (Resurrection, Orange Wedge…) que no llegaron a buen puerto, manteniéndose en el mundo de la música produciendo bandas hasta 1993. A partir de ese momento, comenzó un periodo como productor en canales televisivos (Fox, Network…) y en la actualidad, según encontré hace tiempo en la red de contactos LINKEDIn es, a grosso modo, Consultor/Manager de proyectos relacionados con el mundillo audiovisual y un batiburrillo de cosas más que no he logrado entender. En 2003 Rhino reeditará el deseado álbum con profusión de material extra entre demos, tomas en directo, inéditos, remixes y demás zarandajas, en un lanzamiento con escaso atractivo si se es poseedor del vinilo, que demuestra que lo realmente interesante estaba ya incluido en el disco original, salvo un curioso tema instrumental titulado ‘Spellbound’, cuyo tratamiento de guitarras recuerda levemente a los Television de ‘Marquee Moon’.
Desgraciadamente, como ha pasado de forma injusta con multitud de grupos, Code Blue se convirtió en una efímera banda que grabó uno de los mejores discos de principios de los ochenta, en plena vorágine de la nueva ola, que hubiese merecido mejor suerte y del que pocos parecen acordarse.

Artículo escrito por LITTLE BASTARD