17 de noviembre de 2019

Suplemento dominical cinéfilo: REPO MAN (1984)

La mente se deja llevar por caminos insospechados
Curiosa cinta esta que traigo hoy a esta sección. Un thriller adolescente con estética punk y temática de ciencia ficción. "REPO MAN" fue dirigida por Alex Cox en 1984. Con un joven Emilio Estévez y el poco valorado Harry Dean Stanton. La cinta nos cuenta las peripecias de un grupo de hombres que se dedican a requisar coches que sus dueños no pueden pagar. Mientras tanto se verán envueltos en un asunto de máxima seguridad del gobierno.
Todo transcurre en cierta medida como si fuera un western trasladado al asfalto.
Cambiando las canciones crepusculares por temas de corte punk y hardcore. A medida que va avanzando el film se va volviendo más y más surrealista. Jóvenes pasado de vueltas, maduros que creen saber el significado de la vida. Policías y agentes federales sin escrúpulos. Y un misterioso maletero que esconde un poder sobrenatural. 
"Repo man" es una de esas películas con un carácter y atmósfera especiales. Ni es una película seria, ni pretende serlo. Es una mirada alocada y surrealista de un entorno que por aquellos años parecía destinado a inundar muchos hogares americanos.
La delincuencia en plena era Reagan asolaba EEUU.
Si sumamos a todo eso seres extraterrestres, y una buena dosis de humor negro bañado por temas de bandas de música como Suicidal Tendencies o Black Flag, tenemos una cinta que el tiempo la ha convertido en eso que llamamos película de culto.
Para disfrutar de este film hay que sentarse predispuesto a que el director juegue a lo que quiera con nosotros. Sin que tengamos que analizar lo que nuestros ojos vayan viendo.
Bienvenidos a las calles inseguras de una ciudad como Los Ángeles

Puntuación general: 7/10

(fotos:IMDB.video:Spamanator666)

15 de noviembre de 2019

EL HOYO (2019)

Las clases sociales y la supervivencia a examen
La reciente película ganadora en el festival de Sitges de este año se ha revelado como un film de gran personalidad dentro del anquilosado panorama español, que salvo aisladas excepciones en los últimos años pone todo su fuerte en producir comedias de medio pelo por norma general. "El Hoyo" según palabras de su director debutante Galder Gaztelu-Urrutia "El HOYO es un proyecto que pretende, a través de una metáfora muy simple, enfrentar al espectador con las dimensiones y los límites de la solidaridad". Y así nos lo muestra en la pantalla sin cortarse en unas metáforas bien definidas y claras. Su director define la película como "thriller social" y la verdad es que es una perfecta conjunción de palabras para expresar lo que nos muestra. "El Hoyo" cuenta como una especie de cárcel está divida por niveles, en cada uno de ellos conviven 2 personas. Atravesando esos diferentes niveles pasa cada día una plataforma con comida para todos los internos desde la superior a la inferior. Hasta ese lugar llegan personas en paro que voluntariamente deciden entran o criminales de todo pelaje. 
Tenemos como autores del guión a David Desola y Pedro Rivero, este último ganó el Goya a mejor película de animación por Psiconautas:los niños olvidados en 2016. En la parte actoral contamos con el protagonismo de Iván Massagué como Goren, que es el actor por el que gira el film y nos presenta a los demás compañeros de celda. Zorion Eguileor como Trimagasi, Antonia San Juan haciendo de Imoguiri, Emilio Buale como Baharat y Alexandra Masangkay en el papel de Miharu. Estamos ante el dilema del ser humano, la supervivencia a toda costa, o puede que seamos considerados y nos preocupemos por el prójimo. Ambientada en un futuro distópico, no sabemos el año ni el lugar de la tierra donde nos encontramos la narración, eso le da un plus pues la hace global a todos los niveles.
La atmósfera claustrofóbica juega un espacio recurrente en la propuesta, la comida como eje argumental, la superación del miedo, la empatía con otro ser humano o la individualidad como egoísmo. Su director hace que "El Hoyo" fluya narrativamente, salpica la pantalla con un bestialismo animal que le da una crudeza que puede en algunos momentos hacernos revolver en la butaca (o donde une esté), consiguiendo el objetivo de provocar y mover conciencias. Quizás por momentos se torna perezosa en ofrecer información del exterior que le vendría bien a la historia, donde ciertos detalles de nuestros protagonistas y la sociedad donde se sitúa la acción hubiera enriquecido la empatía hacia los que se encuentran en el hoyo. Una cinta arriesgada, efervescente y de riesgo, que sale victoriosa aunque con ciertas cosas por pulir. Una de las sensaciones que están despertando grandes elogios a nivel mundial.

Puntuación general: 7/10

(fotos y video: elhoyolapelícula.com)

Como extra os dejo la entrevista que le realizaron en el programa La Script en Movistar+ a su director Galder Gaztelu-Urrutia

13 de noviembre de 2019

MANDRILL: leyendas algo olvidadas

Cuando se habla de las bandas funk más importantes de los setenta se suele citar, como norma general, a formaciones fundamentales como Sly & The Family Stone, Funkadelic/Parliament, The Meters, Isley Brothers, etc, quedando en un segundo plano grupos como Mandrill, probablemente por cierto desconocimiento, porque quizás no tengan una obra maestra de referencia como los anteriores o por su demostrada voracidad a la hora de absorber estilos (funk, soul, psicodelia, rock, salsa, progresivo, blues, jazz, etc), que pueden convertir su propuesta en algo indigesta, según ciertos paladares.
Fundada en 1968 por los hermanos Wilson (sí, amigos, existían otros hermanos Wilson, pero éstos eran negros y no tenían fijación por el surf y la playa): Carlos Wilson (trombón y voz), Lou Wilson (trompeta y voz) y Ric Wilson (saxo y voz), que aunque nacidos en Panamá (un dato fundamental a la hora de determinar el influjo de la salsa o la música latina en su música), emigran siendo críos a Estados Unidos, instalándose en el área de Bedford-Stuyvesant (Brooklyn).
Tomando el exótico nombre de una vistosa variedad de monos de África Occidental, realizan sus primeros ensayos en la peluquería de mamá Wilson, entre lacas y secadores de pelo. Progresivamente se van incorporando nuevos miembros: Claude “Coffee” Cave (teclista y voz), Omar Mesa (guitarra), Bundie Cenas (bajo) y Charlie Pedro (batería), hasta que finalmente consiguen un contrato con Polydor Records, donde publican un más que notable debut, “Mandrill” (1970), en el que dan muestras de su ADN musical, ya que ningún estilo se les resiste: Soul sinfónico (“Symphonic revolution”), influencias más que evidentes del mejor Santana (“Rollin’ on”, “Mandrill”), e incluso hay espacio para una larga suite conceptual de catorce minutos dividida en cinco movimientos, “Peace and love (Ameni Na Mapenzi)”, que ríete tú de Emerson, Lake & Palmer.
Pero es con su segundo trabajo “Mandrill is” (1972), y tras la entrada al bajo de Fudgie Kae Salomon en sustitución de Cenas, donde la banda logra dar forma, bajo mi punto de vista, a su obra más completa. Grabada, al igual que su debut, en los estudios Electric Ladyland de Hendrix (New York) entre diciembre de 1971 y marzo de 1972, con su productor de confianza, Alfred V. Brown, y con una más que sugerente y mística portada, reafirma todo lo positivo logrado en su anterior disco, llevándolo un paso más allá y ampliando su paleta de influencias: Trallazos funk (“Ape is high”, “Git it all”), salsa (“Cohelo”), progresivo (“Children of the sun”, “Central Park”), influencias africanas (“Kofijahm”), desvaríos cósmicos (“Universal Rhythms”), el omnipresente Santana de nuevo (“Lord of the golden baboon”), hard-rock (“Here today gone tomorrow”) o soul (“I refused to smile”, “The sun must go down”). 
Si bien con este segundo álbum consiguen sus primeros éxitos (los mencionados “Ape is high” y “Git it all”), será con su siguiente disco, “Composite truth” (1973), la entrada de un nuevo batería (Neftali Santiago) y sus correspondientes singles, el funky “Fencewalk” y el pegadizo ritmo latino de “Hang loose”, con el que alcanzarán una mayor repercusión entre el público. Del resto de cortes destacan la salsera “Hágalo”, el atmosférico instrumental latin-soul “Morocco nights” y la hipnótica “Don’t mess with people”.

En ese prolífico año entregan a Polydor otro recomendable trabajo, “Just outside of town” (1973), entre los que sobresalen “Mango meat” y “Fat city strut” (otros dos buenos ejemplos de la perfecta fusión entre funky y música latina) y la sensual balada “Love song”.
El siguiente paso será “Mandrilland” (1974), un doble álbum muy ambicioso donde todavía mantienen el tipo compositivo, con cortes marca de la casa como “Positive thing”, “Road to love”, “House of wood” o “Folks on the hill”, aunque sin aportar nada especialmente novedoso. 
Es, a partir de su marcha a United Artist Records, cuando su estrella empieza a declinar, debido principalmente a la inevitable repetición de esquemas, la creciente falta de inspiración y el celo de los hermanos Wilson por preservar el control de la banda, que provoca la constante entrada y salida de nuevos miembros. De todos modos, para dicho sello publicarán dos álbumes: “Solid” (1975) y “Beast from the east” (1976).
Aun disfrutarían de algún éxito aislado con su debut para Arista, ”We are one” (1977), que incluía tres recomendables temas, “Funky monkey”, “Gilly Hines” y “Can you get it (Suzie Caesar)” o su aportación para las bandas sonoras de “The greatest” (1977), la película sobre Mohammed Ali y “The Warriors” (1979), el film de culto de Walter Hill, para la que contribuyen con la correcta “Echoes in my mind”. Y, posteriormente, dos álbumes anecdóticos más: ‘Energize’ (1982) y ‘Live at Montreux 2002’ (2006).
Ignoro si Mandrill siguen actualmente en activo, y más teniendo en cuenta el fallecimiento hace unos años de uno de los hermanos fundadores, Lou Wilson. De todos modos, cualquiera de los cuatro primeros álbumes supone una buena forma de introducirse en el universo personal de un grupo que si bien no ha sido fundamental, merece un mayor respeto (ha sido sampleado por Public Enemy, Kanye West o Eminem) y es un claro ejemplo de la efervescente y prolífica escena negra americana de principios de los setenta.

Artículo escrito por LITTLE BASTARD

(fotos:Discogs.video:Neftali Santiago)

10 de noviembre de 2019

LA CASA DE PAPEL (2017- )

Volvamos a jugar al poliladron
Antes que comiences a leer esta reseña, por así llamarla, quiero que sepas que se me pudo haber ‘escapado’ algún que otro spoiler.
Era el año 2017 cuando vi los avances de una nueva serie televisiva española que, de ahí a poco sería transmitida por la plataforma Netflix. Esta serie, creada por Álex Pina, estaba filmada y producida al mejor estilo americano que, como todos sabemos, son los reyes indiscutidos en esto. Así fue que inicié el primer capítulo, muy curiosa y con mucho entusiasmo. Allí me encontré con actores que, en lo personal, nunca había visto... pero vayamos por partes.
Todo inicia con un simple hombre. uno que, según mi opinión, cualquiera de nosotros podríamos conocer o haber cruzado en nuestra vida. A este personaje lo llamaremos como “el Profesor”, y es interpretado por un muy creíble Álvaro Morte. El verdadero nombre del Profesor es Sergio Marquina y, para describirlo en pocas palabras, es un muy inteligente jugador de ajedrez. Es un hábil estratega, capaz de predecir con muchísima anticipación cada movimiento del adversario; y será el encargado de reunir al grupo que realizará el atraco más grande de la historia de España... asaltarán la Fábrica Nacional de Moneda y TimbreA la primera que reclutará es a Úrsula Corberó en la piel de Silene Oliveira. Una ladrona al mejor estilo Nikita; ágil, fría, calculadora, que no se confía de nadie. Ella será también la voz en off de toda la serie, quien irá relatando pensamientos y sentimientos de cada uno de los protagonistas. Es por el modo en que ella conocerá al Profesor, que no meterá en discusión ni a él ni a sus reglas. Las dos principales de estas reglas del Profesor serán: ninguno debía saber el verdadero nombre de sus integrantes, y no podían relacionarse entre ellos. Es por éstas que a Silene la conoceremos como “Tokio”. Luego aparecerán Paco Tous y Jaime Lorente, en los roles de padre e hijo respectivamente. Ambos son ladrones, pero el padre, “Moscú”, será imprescindible para el plan, ya que es un ex-minero; y, aunque su requisito fue que el hijo, “Denver”, hiciera parte del grupo, al final tal vez se arrepienta de esta decisión. 
La otra mujer del grupo será nada más y nada menos que Alba Flores (me bastó verla y oírla para saber que era la única hija del recordado Antonio Flores, por ende, venía de una estirpe de artistas). Ella interpretará a Ágata Jiménez, o mejor dicho “Nairobi”, una experta falsaria que, como se imaginarán, será también una pieza clave del grupo. De todos modos, no nos olvidemos que estamos en la era de la tecnología; y, para lo que proyectaba el Profesor, necesitaba sí o sí un hacker. Para este papel se recurrió a un jovencísimo Miguel Herrán, el cual mereció el premio Goya como “Actor revelación” por su trabajo como Aníbal Cortés, alias “Río”. Si bien la parte de ‘inteligencia’ estaba cubierta, también se necesitaría la ‘fuerza’, y para ello se unieron al grupo dos soldados serbios, veteranos de la guerra de Yugoslavia. Dimitri Mostovói, “Oslo” y Yashin Dasayév, “Helsinki”; interpretados por Roberto García Ruiz y Darko Peric respectivamente (este último es realmente de nacionalidad serbia). Obviamente el atraco que estaban por realizar no era sencillo; el Profesor, cerebro del grupo, estaría fuera del edificio, por lo que tendría que dejar el comando de toda la operación en las manos de alguien de su entera confianza: su hermano. Pedro Alonso será Andrés de Fonollosa, “Berlín”; y que, para mi gusto, ha sido una de las mejores interpretaciones de la serie, un personaje bastante ambiguo, que se amaba y odiaba a partes iguales.

Así se formó el grupo de ‘malos’, que tan malos no eran después de todo, ya que en ningún momento han querido dañar a alguien. Se diría que son unos ladrones al mejor estilo Robin Hood si se quiere; o no, porque en realidad ellos no robarían nada sino que ‘fabricarían’ su propio botín. Y en esto se enfrentarán a unos agentes de policía también bastante particulares El atraco inicia con una toma de rehenes, por lo cual es imperativo llamar a alguien que sea capaz de negociar, que sepa mucho de psicología. Y es ahí que llega Itziar Ituño en la piel de la inspectora Raquel Murillo. Ésta trabaja junto a su fiel compañero, el vice inspector Ángel Rubio, interpretado por Fernando Soto; y ambos se enfentrarán a un muy autoritario Juan Fernández en el papel del coronel Alfonso Pietro. Y es aquí, en la interacción de todos estos personajes tan heterogéneos, donde encuentro los primeros ‘problemas’.
El primero es que todos los integrantes de la banda de ladrones -quien más, quien menos-, parecen tener una personalidad bordeline. El mismo Profesor pasa de ser un excelente estratega, a un hombre tan enamorado que se le pasa por alto las transgresiones a sus propias reglas, para ir detrás de su amada. Y ésta no es otra que la inspectora encargada de apresarlo; que siendo experta en psicología, no es capaz de resolver su situación personal: está aún atada a un ex-marido violento y manipulador, lo cual hace mella no sólo en su trabajo sino en su vida actual, creando un vacío afectivo que parece rellenar con el primero de turno. Ni siquiera los que se presentan como los ‘criminales profesionales’ se salvan, ya que de un momento a otro pasan a ser los novatos más improvisados; el culto y refinado gentleman que está al mando de las operaciones dentro el edificio, se convierte en un perverso psicópata; la fría y calculadora soldado, en una adolescente en plena explosión hormonal; y así todos. Hasta los mismos rehenes son un manojo de contradicciones, porque tratar de explicar con el síndrome de Estocolmo, el que una mujer herida de bala, a punto de morir, veinticuatro horas después de esto, tenga sexo salvaje con aquel que le ha disparado es, a cuanto menos, de locos. Sin contar con algunos detalles que dejan pensando que robar en instituciones de este tipo, sea una excursión a Disneyland. 
De todas formas, reafirmo el hecho que esta serie me gustó, y te diría de verla sin duda. lo que sí, no busques la perfección; tómala así como te digo en el ítulo, vuelve a jugar al poliladron.

Artículo escrito por Alma Baires

(fotos:IMDB)

7 de noviembre de 2019

PARENTS (1989)

La familia ideal americana, o ¿no?
Cuando se habla de películas de culto hoy día se suelen meter en el saco títulos a mi entender que han sobrepasado esa etiqueta para entrar de lleno en otras categorías mucho más accesibles y populares. No es el caso de este film del que quiero hablar hoy un poco, pues tanto su estilo visual, narración y lo poco o nada conocida que es entra por pleno derecho a film de culto. Y ojo, que en muchos casos la etiqueta de culto la ponemos en una cinta como si ya eso fuera sinónimo de buena película, y nada que ver muchas veces según creo yo. Pero bueno, dejemos los debates para otra ocasión y vayamos a lo que nos ocupa hoy en este humilde blog. "Parents" es una producción canadiense de presupuesto modesto (3 millones de dólares) que viene dirigida por Bob Balaban. Este director es de esos personajes que merecerían todo un repaso exhaustivo para hablar de todo lo que ha hecho. Personalmente lo conocí en la serie Seinfeld donde tuvo un papel más o menos importante durante 6 episodios. Empezó su carrera en la dirección en series a mediados de los años 80 (Historias del más allá(1984), Cuentos asombrosos(1985). A lo que se suma su faceta como productor y la de actor antes comentada, este film fue su debut como director de una película tras la cámara. 
"Parents" nos sitúa en plena década de los años 50 en un barrio residencial de clase media, allí asistimos a la vida cotidiana de una típica familia americana. Ella una ejemplar ama de casa, el un marido recto y trabajador. Como toda buena unión familiar hay hijos, en este caso un niño que sufre de temores ante sus progenitores. Algo le hace sospechar que sus padres ocultan algo, lo que le lleva a un continuo estado de nervios e insomnio. Para dar vida a esta familia tenemos a Mary Beth Hart (Lily Laemle), actriz con una larga carrera a sus espaldas (Interiores(1978), D.A.R.Y.L.(1985), La edad de la inocencia(1993), Aflicción(1997) o Young adult(2011). Como marido está el siempre genial Randy Quaid (Nick Laemle) (El expreso de medianoche(1978), Forajidos de leyenda(1980), Las vacaciones de una chiflada familia americana(1983), La disparatada parada de los monstruos(1993) etc). Haciendo de hijo Bryan Madorsky (Michael Laemle), que no parece tener nada realizado después de esta film.
Su director nos propone un viaje a las entrañas de la familia, donde las apariencias siempre o en muchos casos se antepone por encima de cualquier cosa por el bien común de todos sus miembros de cara al exterior. "Parents" juega en la liga de la comedia negra, pero a la que añade un halo de terror psicológico que le sienta de fábula. Una sencilla pero efectiva puesta en escena, una fotografía ocre que le da ese toque añejo y especial. Quizás le falta algo de más profundidad y alguna trama entremedias que la hagan crecer, pero nada más que reprocharle a esta humilde cinta que bien merece un hueco en nuestra agenda. 

Puntuación general: 7/10

(fotos:IMDB.video:TrailerFood)

5 de noviembre de 2019

ROBERT WYATT "Cuckooland" (2003)

Aunque no sea especialmente significativo, se cumple el decimosexto aniversario de uno de los discos fundamentales de lo que llevamos de siglo, el mágico “Cuckooland”, de un artista singular, Robert Wyatt, un músico absolutamente independiente que se ha mantenido desde sus inicios al margen de las modas que se han ido sucediendo en el voluble mundo de la música.
Nacido en Bristol (Gran Bretaña) en 1945, fue miembro fundador y batería de Soft Machine, grupo fundamental de la escena de Canterbury, junto a Kevin Ayers, Daevid Allen y Mike Ratledge, que mezclaba jazz, rock progresivo y psicodelia. Junto a la banda grabará cuatro discos: The Soft Machine (1968), Volume Two (1969), Third (1970) y Fourth (1971). Si bien, estando en el seno del grupo, ya se había estrenado en solitario con “The end of an ear” (1970), por las típicas desavenencias creativas deja la banda en 1971 y forma Matching Mole, con los que grabará dos álbumes, “Matching Mole” y “Matching Mole's Little Red Record” (ambos de 1972).
Pero un hecho desgraciado cambiará de modo radical su vida. Durante una fiesta en 1973, cae accidentalmente de un tercer piso, fracturándose la espalda y quedando postrado de por vida en una silla de ruedas. Esta tragedia y el hecho de no poder volver a tocar la batería, modificará sustancialmente su forma de concebir la música, y en 1974 grabará la que es considerada su obra de referencia, “Rock Bottom”, producida por Nick Mason (Pink Floyd), sin discusión posible uno de los mejores álbumes de la historia.

A partir de ahí, Wyatt se ha labrado un carrera intermitente pero ejemplar, creando un mundo hermético y personal, donde no existen las prisas y en el que confluye la unión aparentemente imposible entre unas melodías absolutamente ensoñadoras, de una belleza indescriptible y unas letras comprometidas social y políticamente (es un conocido simpatizante de izquierdas). Entre sus trabajos posteriores cabe destacar “Ruth is stranger than Richard” (1975), Old Rottenhat” (1985), Dondestan” (1991) o “Shleep” (1997).
Robert llevaba seis años sin publicar material nuevo (a excepción de una pequeña aportación vocal en el documental “Nómadas del desierto”) cuando nos sorprendió con un fascinante disco de generoso minutaje, grabado a caballo entre su hogar en Lincolnshire y el estudio londinense de Phil Manzanera.
Cuckooland” es un álbum impregnado de una profunda melancolía y está repleto de melodías fascinantes, hermosas y emotivas, a caballo entre el pop y el jazz, con la característica y peculiar voz de Wyatt, entre infantil e ingenua, frágil y quebradiza. Como dato curioso, el disco se divide en dos partes separadas por un silencio de 30 segundos donde el autor nos invita sarcásticamente a descansar y a reanudar la reproducción del disco más tarde.
Con un artwork diseñado, como suele ser habitual, por su mujer, la poetisa Alfreda Benge (que también colabora en la composición de algún tema), representando las distintas anotaciones que Wyatt efectúa sobre cada tema, el título del disco hace referencia, no a las aves como pudiese parecer, sino a la desoladora sensación que provoca el exilio y la ausencia; “Cuckooland” constituye un radiante, desgarrador y estimulante ejemplo de cómo el jazz puede incorporarse a otros estilos aparentemente antagónicos, con resultados deslumbrantes.El álbum cuenta con invitados del mundillo del jazz como Gilad Atzmon (saxo y clarinete), Annie Whitehead (trombón), Yaron Stavi (bajo) o Karen Mantler, cuya labor es fundamental ya que aporta tres composiciones propias, así como otros músicos más conocidos como David Gilmour, Brian Eno, Paul Weller o Phil Manzanera.
El disco se abre con la majestuosa “Just a bit”, con unos etéreos teclados, una mágica corneta de Wyatt a modo de introducción, y un saxo que se desliza progresivamente por la melodía; en ella, Robert hace una perspicaz y cínica observación sobre las religiones, su irracionalidad y las falsedades de la nueva era.
Old Europe”, una de las colaboraciones con su mujer, es un corte con aire nocturno, aroma a jazz humeante, música de salón y bossanova, donde destaca el sutil trabajo al clarinete y saxo de Atzmon, en el que habla sobre calles y clubs en el París de los años cincuenta, refugio de músicos de jazz americanos, y donde floreció el romance interracial entre Miles Davis y la actriz Juliette Greco, en contraposición con la represión y el racismo que todavía existía en aquella época en Estados Unidos. Torn Hay’s Fox”, junto a “Brian the Fox”, son los únicos temas relativamente anecdóticos de esta magna obra, con un cierto toque ambient y new age.
Forest” es otro delicado y sublime tema a ritmo de vals, con unos tétricos coros a cargo de Brian Eno y Alfreda Henge, y una delicada guitarra bluesy cortesía de David Gilmour, que nos describe la persecución que sufrieron los gitanos en una Europa invadida por los nazis y el campo de exterminio checo donde se les aniquilaba.
Beware”, “Mister E” y “Life is sheep” son las tres canciones escritas por Karen Mantler, hija de los músicos de jazz Carla Bley y Michael Mantler; la primera con una letra que trata sobre la paranoia y la desconfianza, en un tono desasosegante, potenciada por un precioso solo de trompeta de Wyatt, mientras que la segunda, también se caracteriza por su atmósfera perturbadora y angustiosa. En cambio, “Life is sheep”, con el mismo estilo tenebroso, nos relata la triste y difícil vida de las ovejas hacinadas en granjas. 
Cuckoo Madame” es un sencillo y sombrío tema donde Robert se ocupa de toda la instrumentación, utilizando para ello el mismo tipo de teclado barato que usaba en algunos pasajes de “Rock Bottom” y habla de modo encubierto sobre Margaret Thatcher y su oscuro mandato en la Inglaterra de los años ochenta.
Raining in my heart” e “Insensatez” son dos de las versiones escogidas para el álbum. La primera, compuesta por la eterna pareja Felice y Boudleaux Bryant (éste último autor de la inmortal “Love hurts”), es interpretada por Wyatt en una versión minimalista, con el único acompañamiento del piano, mientras que el clásico brasileño compuesto por Jobim y Vinicius de Moraes es desarrollado en una delicada y emocional adaptación con aroma jazzy y la alternancia en las voces con Karen Mantler.
Lullaby for Hamza”, compuesto a medias con su mujer, es uno de los cortes más escalofriantes del álbum, con un precioso acordeón que acentúa sobremanera su dramatismo y que, basado en un artículo del diario The Guardian, nos relata la historia de una mujer iraquí que dio a luz a su hijo Hamza en medio de un bombardeo sobre Baghdad, en plena guerra del Golfo, con una letra absolutamente desgarradora que denuncia el lado oculto de las guerras, el horror y la incertidumbre que sufrieron los niños durante la cruenta contienda.
La segunda mitad del trabajo comienza con “Trickle down”, una extraña e intrincada composición jazz, con unas brillantes líneas de bajo y unos samplers de saxo extraído del tema “Old Europe”.
Lullapop”, un tema de Alfreda Benge, con un estilo que recuerda al jazz de New Orleans, hace referencia a la forma de vida de Wyatt, en el que se retrata a un hombre quejicoso de su edad que intenta conciliar el sueño y donde Paul Weller colabora con su guitarra.
Foreign accents” es una curiosa e insólita canción formado por nombres y expresiones, tanto japonesas como árabes, con un texto explicativo que denuncia la barbarie que supuso las bombas atómicas caídas sobre Hiroshima y Nagasaki, que narra la historia de Mordechai Vanunu, un científico israelí que confesó a un periódico británico los experimentos nucleares que acaecieron secretamente en su país y el caso de Mohammad Mossadegh, primer ministro de Irán, que en 1953 fue derrocado con ayuda de los servicios secretos británicos y americanos con el propósito de instaurar una dictadura que duró 25 años.
Cierra el disco una versión instrumental de “La Ahada Yalam”, una composición árabe con reminiscencias étnicas, que vuelve a incidir de nuevo en el tema de la guerra.No hace falta resaltar que dicho trabajo recibió las alabanzas generalizadas de la prensa especializada. Impertérrito a los halagos, Wyatt ha seguido con su pausado ritmo de lanzamientos, como si nada fuese con él. En el 2005, se editó un directo de la etapa en la que presentaba el influyente “Rock Bottom” titulado “Theatre Royal Drury Lane 8th September 1974” y dos años más tarde publicó el que es su último disco con material nuevo propio hasta la fecha, el estimable “Comicopera” (2007).Siguiendo con ese ritmo esporádico, en 2010 lanza, junto a los músicos Gilad Atzmon y Ros Stephen, un álbum de versiones de standards de jazz titulado “For the ghost within’”. En 2013 se publica un directo de la época de Soft Machine (’68) y este año ha participado en un extraño proyecto experimental junto a un músico japonés bajo el sobrenombre The Future Eve Featuring Robert Wyatt ‎– KiTsuNe / Brian The Fox’.Robert Wyatt es uno de esos escasos e ilustres veteranos que seguirá generando expectación cada vez que publique un nuevo trabajo, aunque cada vez se haga más de rogar, ya que sigue conservando intacto todo su talento y rara es la vez que nos defrauda. 


Artículo escrito por LITTLE BASTARD

3 de noviembre de 2019

PARÁSITOS (2019)

La unión familiar como sustento alimenticio 
Con la Palma de oro bajo el brazo a mejor película ha llegado recientemente a las pantallas la nueva cinta del coreano Bong Joon-Ho con el nombre de "Parásitos" (en este caso un acertado título). Recordemos que este hombre se dio a conocer a nivel internacional con  "Memories of murder" (2003) y "The Host" (2006), ambas de género diferentes pero unidas por el talento de su ojo. Ahora nos presenta con esta nueva película una historia plagada de grandes momentos que sin duda ocupará un lugar en la memoria de aquel que la vea. El guión nos relata cómo una familia (padre, madre, hijo e hija) de clase baja vive en un área pobre de la ciudad, sobreviven como pueden doblando cajas de cartón para una pizzería, entre otras cosas. Todo cambia cuando un amigo del hijo le propone que lo sustituya como profesor de clases de inglés que imparte a una chica de una familia adinerada. Este es el punto de partida para un argumento que se va tejiendo a modo de tela de araña tupida y precisa. 
Como actor reconocible para el gran público está Kang Ho-Song, que ya trabajó con el director en las dos cintas que he nombrado más arriba junto a otras como "El bueno, el malo y el raro" (2008) o en la más popular "Snowpiercer" (2013). Un actor muy solvente que sabe transmitir mucho en pantalla. El resto de actores son también algo conocidos para el público occidental, donde films suyos han llegado sin problemas a este lado del globo. 
"Parásitos" podría entrar claramente en el subgénero de Home Invasion entre otros géneros que como suele ser habitual en la filmografía hongkonesa hace una mezcla de muchos estilos en una misma producción. Pero lo que en otras es quizás en algunos casos un problema pues no coge el tono y se dispersa, el director Bong Joon-Ho los separa por tramos. Eso hace que "Parásitos" tenga como segmentos diferenciales dentro de la misma, donde cada momento tiene un tono y estilo que no se pisa, y hace que el conjunto final llegue a buen puerto. 
Por lo tanto tenemos una cinta que ofrece un drama en el fondo, pero que en la superficie también expulsa otras latitudes cinematográficas. Entre ellas el humor negro, el thriller, gore y un toque de crítica social. El director se atreve a poner en la palestra la supervivencia del ser humano, poniendo en valor a la familia cueste lo que cueste. Donde la fuerza del grupo siempre es mayor que la lucha individualista. Cierto es que en algún momento parece que el film está a un tris de escapársele de las manos al director, más que nada en un tramo final de locura y excitación visual.
Pocas cintas de este año pueden tal vez igualar tanto su fuerza escénica (eso que estamos ante un espacio reducido) como en su excelente narración de los acontecimientos, manteniendo un buen pulso sin apenas caídas en las que el espectador pueda sentirse obligado a ocuparse de otros menesteres. No es perfecta ni está cerca de ello, pero todo lo bueno que hay en ella es de sobresaliente.

Puntuación general: 8.5/10

(fotos:facebook Parasite oficial, IMDB.video:VaDeTrailers)