julio 15, 2019

DESTROYER, UNA MUJER HERIDA (2018)

Un thriller amargo, potente y sucio
El cine policíaco siempre se ha articulado sobre personajes masculinos fuertes, poderosos llenos de testosterona no siempre bien encauzados en la dirección correcta. Variar esta fórmula no es fácil cuando se tiene un arquetipo tan marcado en la historia del cine que nos lleva acompañando durante tantas décadas. Al final es solo un personaje que busca venganza, redención etc, por lo que quién dice que ¿el sexo femenino no puede ser también causa de los mismos males?. Ahora nos llega esta “Destroyer” con una mujer en el papel central destinado casi en exclusiva a los hombres en el pasado. Los tiempos cambian en todas las facetas de la vida incluyendo cómo se factura un film que se suma a otros casos de policías corruptos y con cargo de conciencia. Las formas son las mismas al fin y al cabo produciendo incluso diría yo más empatía al ver como el que sufre es en apariencia una mujer más estando en los tiempos que nos ha tocado vivir en la actualidad. Pasemos pues a hablar sobre esta reciente producción que ha llegado a nuestras pantallas recientemente. 
Producción y actores: La película viene producida por 30 West y Automatik siendo la producción íntegramente rodada en Los Ángeles con un modesto presupuesto de 9 millones de dólares. El guión del film lo firman a cuatro manos Phil Hay y Matt Manfredi que suelen escribir los guiones de sus películas siempre juntos (Aeon Flux, R.I.P.D. departamento de policía mortal, La invitación) como vemos películas de dudosa calidad y que sin duda firman aquí su mejor trabajo sin lugar a dudas. Tras la cámara dirige la cineasta americana Karyn Kusama que se está haciendo poco a poco con un nombre conocido en el mundo. Esta mujer con su primer film llamado “Girlfight” (2000) consiguió el premio a mejor película en el Festival de Sundance y a mejor directora, una presentación en sociedad totalmente fulgurante. No todo es un camino de rosas y en su haber cuenta con algunos fiascos considerables como “Aeon Flux” (2005) y “Jennifer´s Body” (2009). Su recuperación a nivel cinematográfico se produjo con la tan aclamada cinta “La invitación” (2015) ganadora a mejor película en el Festival de Sitges, personalmente es una película que la encontré fallida en muchos aspectos, pero eso ya sería otro debate.
Su dirección la podemos encontrar igualmente en productos televisivos muy interesantes como en las series “Master of sex” (2013), “Halt & Catch fire” (2014), y en dos debilidades de quién escribe como son “Casual” (2015) y “The man in the High Castle” (2015). Como reclamo publicitario en el aspecto actoral el film cuenta con la actriz Australiana Nicole Kidman que ha estas alturas ya no necesita presentación. Una mujer que se encuentra ya para mi entre las grandes de las últimas décadas del universo cinematográfico. Una carrera que ha ido en progresión tanto a nivel actoral como en los papeles que ha ido interpretando. Aquí da vida a la detective de policía Erin Bell en una de esos roles que se comen a todos a su alrededor. Otros actores del reparto del film son el actor británico Toby Kebbell (Rocknrolla, Prince of Persia, Un monstruo viene a verme, El amanecer del planeta de los simios, Kong: isla calavera, entre otras), da vida al delincuente Silas. La actriz canadiense Tatiana Maslany conocida sobre todo por la serie “Orphan Black” y que también a trabajado en películas como (La dama de oro, Dos amantes y un oso). Aquí interpreta a la novia de Silas llamada Petra. El otro papel relevante de “Destroyer” recae en el actor rumano Sebastian Stan (El cisne negro, Capitán América el primer vengador y Capitán América soldado de invierno) tiene el papel en este film del detective Chris.
De que va: “Destroyer: una mujer herida” nos cuenta la infiltración de dos detectives en una banda de atracadores. Las consecuencias que tendrá en la vida de la detective Bell diez años después vuelven a aflorar cuando el líder Silas entra de nuevo en acción. Bell está consumida y marcada por lo que arrastra de ese pasado, donde lo único que puede hacer para remediarlo es volver a revivir y dar con ese hombre. En conclusión: Estamos con “Destroyer” ante uno de esos films que tienen o esconden varias capas más allá de su superficie más evidente. No es difícil integrar esta historia dentro del cine negro de segunda mitad del siglo XX en adelante. El personaje de Erin Bell está marcado por su pasado y como tal tiene consecuencias en su futuro tanto en su vida privada como laboral. Los rescoldos están puestos con un temporizador imaginario para que salte por los aires los sentimientos y hechos que de una u otra manera acabaron con la misma mujer para hacerla diferente dentro de un mismo cuerpo. Nicole Kidman hace suyo un personaje que lastra un agujero en el alma, no hay nada que lo llene y su cadáver andante recorre la ciudad empujada solo por la culpa y la intención de resarcirse de pecados pasados. A modo de integración fílmica y parecido de géneros la podemos encuadrar también en un western crepuscular por la evidente búsqueda de un villano a lomos de carros de hierro recorriendo la ciudad asfaltada y peligrosa. Erin Bell va rebuscando en su pasado mientras revive sentimientos enquistados en su piel y memoria haciendo que mientras la vemos en pantalla podamos sufrir junto a ella cada arruga y grieta de su marcado rostro. “Destroyer” se postula como un relato desgarrador a niveles emocionales y físicos donde la estupenda caracterización de Nicole Kidman ha dado mucho que hablar.

En eso han tenido mucho que ver el departamento de maquillaje del film donde la labor de Cari Ayers (The Nick, Fear Clinic, Annabell), Bill Corso (John Carter, Deadpool, Blade Runner 2049) y Barbara Lorenz (Stigmata, X Men: la decisión final, La La Land) son los que se han encargado de ello. Un departamento para mi muy importante dentro del cine aunque muchas veces pasan muy desapercibido.  Nicole Kidman para hacer más creíble su papel e interpretación recibió entrenamiento militar durante un mes a cargo del los especialistas del film Nightcrawler (2014) y eso se nota en sus movimientos durante las escenas de acción de “Destroyer”. Su actuación para mi es de gran nivel durante todo el metraje aunque es cierto que hay veces que se le ve un poco forzada en determinadas escenas. Aún así es sin duda uno de sus mejores trabajos interpretativos (por lo menos de los que yo recuerdo) de una extensa carrera que lleva ya la australiana a sus espaldas. El resto del reparto cumplen en sus diferentes roles con solvencia sus papeles aunque ninguno destaca especialmente por encima de otro, y desde luego nadie está ni de cerca con la actuación de la protagonista. Un acierto por parte de su directora Karyn Kusama es contar la historia en dos épocas distintas con sumo cuidado en no hacer confundir al espectador. Para ello se basa claramente en el aspecto de Nicole Kidman que nos encontramos en la pantalla. Por un lado tenemos la historia de la infiltración de los dos detectives dentro del grupo de atracadores donde se desatan los acontecimientos que llegarían diez años después. Por el otro lado la directora nos lleva al presente de nuestros protagonistas para mostrarnos las secuelas y el desenlace de la historia. Karyn Kusama mezcla ambos momentos sin complejidad alguna centrándose en contar los sucesos de forma clara y evidentes. 
La narración por lo tanto fluye libremente sin caer en estupideces que desarmen la buena comunicación entre trama y espectador. Pero no todo es perfecto en “Destroyer” como es normal por otra parte ante un film que intenta dar algo de frescura al anquilosado thriller actual. Quizás la falta de empatía no está lograda del todo hacia con nosotros los espectadores, en muchos momentos nos vemos como fuera de lo que sucede en la pantalla tal vez a posta o no, pero desde luego sin eso hace que la experiencia no sea completa. A su vez una mayor profundidad tanto en el personaje de Petra (Tatiana Maslany) que da vida a la novia de Silas y que tiene algunos momentos importantes dentro de la película como en la del cabecilla de la banda Silas habría venido a comprender ciertos enfoques de sus personajes. Al igual que el del detective y compañero de Erin Bell en la historia que simplemente parece un personaje puesto como complemento y que un poco de análisis en su vida habría hecho ganar en profundidad tanto al personaje como a la historia y trama. “Destroyer” consigue su propósito en todo momento con una gran dosis de dramatismo y acción salpicada por la magnífica actuación de su protagonista. Estamos pues ante un film crudo pero con alma, que no esconde exponerse a la mirada del espectador para que saquemos nuestro propio punto de vista ante los hechos narrados. 
Una mujer que intenta mudar de piel y dejar atrás un pasado que la corroe, la asfixia y la tiene sumida en una vida vacía que llena solo con una relación distante con su hija a la que intenta llevar por el buen camino. Y dar caza al jefe de aquella banda a la que su deber como defensora de la ley fue causa al final de muchos de sus traumas. Valiente poner por parte de su directora a una mujer al frente de esta producción, espero que más hagan lo mismo y que sobretodo las actrices arriesguen más en estos tipos de papeles que suelen ser interpretados por hombres casi exclusivamente. “Destroyer” es una pequeña joya que se disfruta a todos los niveles, tiene ese sabor que perdurará en el tiempo no ya en las grandes ligas, pero si en un segundo escalafón que está reservado a propuestas más arriesgadas y quizás no tan visibles como otras. Un saludo desde mi rincón favorito.



Puntuación general: 8/10

(fotos:IMDB.video:A contracorriente films)

Artículo escrito originalmente para Mentero.es

julio 13, 2019

REDLINE (2009)

Una carrera mortal iluminada de luces de neón.
¿Tenéis puesto el cinturón de seguridad?, si no es así os recomiendo hacerlo antes de seguir leyendo este artículo, pues vuestra vida depende de ello. Hoy traigo una película de animación en la que el espectador se verá inmerso en una carrera a toda velocidad que no le dejará tiempo casi ni de respirar. En el año 2009 se estrenaba "REDLINE", lo hacía en el festival de Locarno (Suiza), un proyecto que tardó siete años en poder finalmente ser realizado. Lo primero hay que decir que estamos ante una animación realizada enteramente a mano, en un trabajo apabullante de una calidad desbordante. Este fue el debut en solitario como director de Takeshi Koike, luego realizaría obras como la serie Iron Man y dos películas de Lupin, antes de este film ya había realizado algunos cortos entre ellos uno para Animatrix. La historia que nos cuenta su director aquí es bien sencilla, hay una serie de pruebas para decidir que corredores estarán en la gran carrera final llamada como el film. Entre medias hay flashbacks que nos ponen un poco en contexto de algunos de sus personajes, y por supuesto una historia de amor entre medias. Digamos que lo gordo viene en el aspecto visual del film, siendo este el motivo realmente logrado en este viaje a toda velocidad. 
Lo que consigue Takeshi Koike en ese aspecto es algo brutal, el nivel de sofisticación, la perspectiva de cámaras, el juego de colores, la elegancia en su puesta apunto es algo que roza la demencia del perfeccionismo. Todo aquí tiene un aire pop art, un toque retro futurista que seduce desde las primeras de cambio. No todo son carreras y adrenalina a mil bombeando sangre a punto de reventar, tiene sus momentos para contar algunos trasfondos que arrastran los personajes, haciendo que el conjunto gane en peso como film. 
Lo que queda claro para mi es que estamos ante una película que ofrece algo preparado al milímetro en su cuidada puesta en escena, asistimos a una orgía visual maravillosa, que pese al guión sencillo, falto en general de profundidad (que como digo tampoco era el propósito) ha hecho que no deje de mirar lo que sucedía ante mí con el mayor de mis intereses, "Redline" es un viaje de asfalto, luces de neón, seres raros y bichos de todo pelaje. Una puesta arriesgada que su director traza con buenos resultados, esto no es animación para quién solo disfruta de otros films donde el componente emocional más sentimental sea su punto álgido. Ahora si, ya os podéis quitar el cinturón de seguridad, el viaje a concluido.

Puntuación General: 7/10

(fotos:IMDB.video:Pegs Magazine)

julio 10, 2019

BLUE ASH: EL ESLABÓN PERDIDO DEL POWER-POP

En 1979, el columnista del Chicago Tribune, Bob Greene, en un artículo dedicado a destacar lo mejor de los setenta, nombró a Blue Ash como la mejor banda americana de dicha década. En el 2007, el periódico londinense The Guardian, configuró una lista de “1000 discos que hay que oír antes de morir” incluyendo el debut de la banda, “No more no less”, en la misma, hecho sorprendente teniendo en cuenta que ese álbum llevaba treinta años descatalogado.
¿Eran desproporcionados tales elogios? Quizás sí, pero suponen la inequívoca señal de que nos encontramos ante un disco muy especial. Por fin, en el 2008, y después de numerosos ruegos por parte de melómanos de medio mundo, Collectors’ Choice Music reeditó el deseado álbum y reparó tamaña injusticia. Y es que este grupo de Youngstown (Ohio), según los entendidos, fue una de las primeras bandas de power-pop, junto a los legendarios Badfinger, Big Star y Raspberries, un movimiento a la postre sin demasiada fortuna comercial que intentaba reproducir las virtudes de la música de mediados de los sesenta como reacción a la pomposidad del rock sinfónico, los excesos de los dinosaurios de los setenta y la irritante proliferación de cantautores almibarados.
La historia de la banda comienza cuando Frank Secich (bajista), un adolescente de 15 años obsesionado con los Beatles y Bob Dylan, conoce a Jim Kendzor (vocalista) y le invita a cantar durante los ensayos de su grupo. Impresionado por su voz no tardan en formar la banda “The City Jail” influidos por la invasión británica (Beatles, Stones, Who, Kinks, etc). En 1969, después de varios intentos bajo otras denominaciones (The Great Hibiscus, The Mother Goose Band…) Frank le propone a su compañero formar un nuevo grupo en el que tocar sus propias composiciones, que será el embrión de Blue Ash. Reclutarán al batería David Evans y un año después se les unirá el guitarrista Bill “Cupid” Bartolin (a la postre, pareja compositiva de Secich) y con esta formación empezarán a foguearse en los clubs locales.
En 1972, graban unas maquetas en los estudios Peppermint (Ohio) que llegarán a oídos de Paul Nelson, un ejecutivo de Mercury Records que ya había fichado para su sello a otros ilustres perdedores, los New York Dolls. El flechazo es instantáneo. Graban inmediatamente un par de temas de muestra (“Plain to see” y “Day and night”) y consiguen contrato con la prestigiosa compañía. Aunque en principio se baraja el nombre de Mike Brown (cerebro de los extintos The Left Banke) para la producción del ansiado debut, la labor recaerá sobre John Grazier (del mencionado Peppermint). Publicado el álbum, girarán por todo el país teloneando a estrellas como Aerosmith, Bob Seger, Nazareth, Stooges, Ted Nugent, etc, recibiendo la atención de medios como Creem, Rolling Stone, Billboard, NY Times o Phonograph Records Magazine, cuyo editor, Greg Shaw, se convertirá en su mentor al pincharlos con frecuencia en su programa de radio.

No more no less” es un trabajo irresistible y uno de los secretos mejor guardados del power-pop americano, mostrando un elaborado juego de voces que rememora la década de los sesenta pero con el sonido contundente de los setenta, dentro de un abanico de influencias más que evidentes (Beatles, Who, Byrds, Kinks…) y donde el dúo compositivo Secich/Bartolin funciona a pleno rendimiento. Se inicia con la estridente y rockera “Abracadabra (Have you seen her?)”, probablemente el tema más representativo de Blue Ash, el cual da paso a la enérgica y hard-rockera “Dusty old fairgrounds”, un tema inédito de Dylan sugerido por el propio Paul Nelson (compañero de colegio de Bob en Minnesota), pasado por el filtro de los Who. A ”Plain to see”, un tema absolutamente pegadizo, con unas excelentes juegos vocales, le sigue el country y tranquilo “Just another game”. “I remember a time” recuerda a los Byrds más excelsos, mientras que “Smash my guitar”, tras un comienzo de pop barroco a lo The Left Banke se desmelena como lo harían los creadores de “My generation” (incluyendo como curiosidad el sonido de una guitarra aplastada contra un muro). En el ecuador del disco nos encontramos con una versión de los Beatles, “Anything at all”, más desatada que la original. A continuación, “Here we go again”, una composición de sonido bubblegum, mientras que “What can I do for you?, con ciertas influencias de la Costa oeste, es el único tema compuesto por el vocalista Jim Kendzior y sin ser una mala canción, es el momento menos inspirado del disco. La agresiva “All I want” estaría a caballo entre el rock duro y el glam, mientras que “Wasting my time” es otro pildorazo pop adictivo. Cierra el álbum, “Let there be rock”, un tema simple y directo, que gasta un aire al “Jailhouse rock”, y conserva la energía guitarrera de unos Slade o Mott the Hoople, siendo su particular homenaje a la década de los cincuenta. 
Pero, desgraciadamente, después de que su tercer single, “Anything at all”, no obtuviese el éxito esperado, la compañía decide deshacerse de ellos (y de paso también de los Dolls). Además tendrá otro damnificado, su valedor Paul Nelson, que será despedido de Mercury Records.
En 1974, empiezan a grabar maquetas con la esperanza de que otras discográficas se fijen en ellos, y aunque están a punto de fichar por Columbia o RCA, no será hasta 1976, que Steve Friedman (viejo conocido de los Peppermint Studios) se los lleva a los Criteria Studios de Miami, donde les graban unas demos, con las que negocia un single con el sello Playboy en L.A. El tema resultante, “Look at you know”, sale en mayo del 77 y es todo un éxito en el sur de Estados Unidos. Gracias a eso la citada compañía (parte del emporio de Playboy Magazine) publicará en octubre del 77 su segundo disco, “Front page news”, que vende relativamente bien. Pero, de nuevo, la suerte no está de su parte y el sello cierra en 1978 sin dar explicaciones (supongo que el capricho de Hugh Hefner no era tan rentable como esperaba) y el grupo se encuentra otra vez en la calle y sin discográfica. 
Como anécdota comentar que en la época de grabación del segundo disco funcionaban como trío, ya que el batería por aquel entonces, Jeff Rozniata, deja el grupo antes de entrar al estudio, así que se ocupará de los parches John Guerin, último batería que tuvieron los Byrds. Lo más característico de este álbum es la incorporación de secciones de viento y cuerda que no contarán con la aprobación de los propios Blue Ash y que, quizás, les hace perder algo de pegada. Sin llegar al excepcional nivel de su debut, es un elepé más que apreciable.
Destacan en dicho trabajo, para mi gusto, varios temas; el que inicia de manera flamante el disco, “Tonight’s my lucky night”, un cruce imposible entre Slade (la versátil voz de Jim Kendzior se asemeja mucho en varias composiciones a la de Noddy Holder, vocalista de dicho grupo) y Cheap Trick, “Rock and Roll millionaire”, un inspirado y enérgico tema que habla de un modo sarcástico sobre las estrellas de rock, “The boy won’t listen”, una deliciosa canción compuesta por Bartolin que iba a convertirse en su nuevo lanzamiento, con un irresistible estribillo cercano al AOR por el que hubiese matado Meat Loaf o el mencionado single de adelanto con aires pop, “Look at you know”. 
En 1979, tras el chasco de quedarse de nuevo sin compañía discográfica y después de hacer balance de diez años juntos, los componentes del grupo deciden que la historia ha llegado a su final. Aun así llegan a realizar una sesión de grabación de la que saldrán dos temas, “Around again” y “She isn’t there”, los cuales aparecerán en un posterior disco de rarezas. Tras finalizar la historia de Blue Ash, Secich recibe la visita de Stiv Bators, un viejo conocido de los tiempos de The City Jail, para proponerle que se una a unos remozados Dead Boys, con los que girará incansablemente por toda América. De esa forma surgirá una gran complicidad entre ambos músicos que les llevará a componer conjuntamente una serie de temas (“Evil boy”, “A million miles away”, “I wanna forget you (just the way you are)”, “The last year”…) que junto a una versión del clásico de los Electric Prunes, “I had too much to dream (last night)”, conformarán el flamante “Disconnected” (1980), un disco referencial de power-pop, que será pésimamente recibido por la mayoría de fans de los Dead Boys, acostumbrados a la faceta punk de Stiv Bators y que será editado por Bomp! Records, sello propiedad del fiel amigo de Frank Secich, Greg Shaw. Después de la aventura con Stiv Bators, la trayectoria de Frank Secich se vuelve algo errática. Trabaja en una tienda de discos, produce y se implica en la carrera de los Infidels…hasta que se retira del negocio de la música en 1990. A partir de esa fecha empieza a surgir un renovado interés por la banda que se traducirá en una reunificación de Blue Ash, que los llevará a girar intermitentemente, de forma nostálgica, entre los años 2003-09 y a publicar un doble cd con material inédito titulado “Around again” (Not Lame, 2004). La historia del grupo finaliza definitivamente con la muerte por cáncer de Bartolin, aunque Secich seguirá ligado al mundo de la música uniéndose al grupo Deadbeat Poets.
Blue Ash se han convertido en el paradigma de banda de power-pop sin suerte. Sin embargo, podemos decir que, cuarenta años después de su debut, se encuentran en el panteón de los elegidos, aunque desafortunadamente sigan sufriendo el cierto desconocimiento por parte del gran público.

Artículo escrito por LITTLE BASTARD

julio 07, 2019

PRIMAL RAGE (2018)

Lo que esconde el bosque bajo su verde manto
Una asignatura pendiente dentro del cine de terror es el mito del Bigfoot. Ese ser que muchos dicen que existe, y otros que no es más que una simple leyenda. Y que habita por las zonas montañosas y bosques del noroeste de EEUU. Sea cual fuera, lo que está claro es que es una historia que siempre causa interés. Aunque bueno, siendo un poco sensatos, si solo hay uno, y encima lleva décadas de mitología, como es que aún sigue vivo. Como buena leyenda, es ahí donde reside su perdurabilidad en el tiempo. Un fenómeno como muchos otros alimentados por el ser humano. A lo largo de los años su figura a tenido acercamientos por parte del séptimo arte. Ahí están los casos de “Bigfoot y los Henderson” (1987), “Demonwarp” (1988) o la más reciente “Willow Creek” (2013) entre otras muchas. Y para bien o para mal el resultado nunca ha sido el mejor bajo mi punto de vista. Hasta que el pasado año vio la luz el film que nos ocupa hoy. Desde luego tampoco es perfecto, pero creo que consigue por lo menos hacer creíble una leyenda que se remonta hasta principios del siglo XIX. También es cierto que nosotros hacemos más por que esta historia sea cierta, que las pruebas concluyentes que existen en realidad. Pero más allá de mitos y leyendas, vamos a lo que hemos venido. Producción y actores: Primal Rage es una producción americana del 2018. Para encontrar los parajes adecuados para la realización del film, se recurrieron a lugares como Smith River, Country Canyon y Big Flat en California. Y también en Selma y Fall river en Oregón. Parajes naturales que enriquecen la propuesta que nos presenta su director Patrick Magee.
Pues toda su trama se desarrolla al aire libre. Este hombre que dirige aquí su primera película, es un consumado especialista de efectos especiales de maquillaje. Este hombre ha trabajado al lado de unos de los más grandes, como fue y siempre sera Rick Baker. Concretamente en la realización de Men in black 3. También estuvo involucrado en los efectos especiales de películas como Spider-man y Parque Jurásico 3. No es de extrañar por lo tanto que todo lo aprendido quisiera ponerlo en práctica en su propio proyecto. El guión de Primal Rage llevaba creándolo desde hacia tiempo, y con ayuda de Jay Lee (otro director de gustos afines en materia cinematográfica con Magee), consiguieron pulirlo del todo. Un guión que por otra parte no es para tirar cohetes. Y que se ciñe casi en exclusiva ha explotar las virtudes de su director en la materia de efectos. En la zona actoral como pareja protagonista está la actriz Casey Gagliardi (que interpreta ha Ashley Carr) y Andrew Joseph Montgomery (que interpreta a Maxwell Carr). Ambos actores tienen un minúsculo currículum a sus espaldas. En el apartado técnico, el propio Magee se encargó de supervisar los efectos de maquillaje, cosa normal siendo su especialidad. La fotografía corrió a cargo de su compañero de guión, Jay Lee.
De que va: Pasemos al meollo de la cuestión, que no es ni más ni menos que es lo que nos cuenta su director en este film. Tenemos a una chica (Ashley Carr) que va a recoger a su marido a la salida de la cárcel. El (Maxwell Carr) ha pasado allí un año y nueve meses (el motivo de su encierro no se sabe). Entre ellos dos hay una tirantez palpable, que enseguida se sabe viene de lejos. En una parada para repostar, nuestra chica será acosada (de forma verbal) por un grupo de cazadores que se dirigen al bosque para pasar un día de caza. La tensión se vuelve peliaguda en ese momentos, sin que pase a mayores. No hay que ser muy avispado mientras uno va viendo la película para darse cuenta que esos tipos harán acto de presencia más adelante. Mientras el matrimonio habla dentro del coche recorren el camino de vuelta hacia (pues no se sabe dónde). El paisaje verde y frondoso es el protagonista mientras vamos con ellos paseando y viendo las maravillosas vistas que el director nos muestra. Algo de repente impacta contra el vehículo, mientras ellos bajan a averiguar de que se trata, desde la frondosidad del bosque algo los está acechando

La aventura de nuestros protagonistas comienzan desde que se bajan del coche. Al comprobar contra que han chocado, la pareja discute si avisar a la policía o no. Están en esta cuando empiezan a lloverles piedras desde el bosque. Maxwell es golpeado por una de ellas cayendo por un barranco. Ahí empieza la aventura más aterradora de sus vidas. Mientras intentan volver a la carretera, algo le viene pisando los talones. Tras toparse nuevamente con aquellos cazadores algo garrulos, sus vidas ahora estarán amenazadas desde dos bandos. Esta Primal Rage juega en la liga de las Monster – Movies. Ese cine donde las vidas humanas son el propósito de criaturas salidas de lagos, planetas desconocidos, experimentos genéticos etc. Que ya nos ha legado obras maravillosas en la gran pantalla. Casos de Alien (1979), La Mujer y el Monstruo (1954), El monstruo de los tiempos remotos (1953) o Depredador (1987). Es justo con esta donde más similitudes muestra. Tanto por donde se desarrolla la acción, como por el grupo de cazadores. En conclusión: Estamos ante un film que muestra muchas virtudes, pero también aspectos muy mejorables. En la parte negativa las actuaciones de los actores protagonistas son muy endebles. No ya por el simple hecho de que sus papeles no tienen desarrollo (lógicamente en una historia como esta no tiene sentido, ni tiempo para ello). Simplemente no me han convencido en sus roles. Andrew Joseph Montgomery sobretodo me parece que está fatal. No muestra carisma ni convencimiento en sus actos. Encima creo que para poner a un tipo de complexión fuerte (como hoy día parece que es la norma), y no explotarla por lo menos como recurso para solventar algunas situaciones del film, es culpa de su director.


Yo hubiera optado por alguien que sintiera que necesita protección, más si la heroína del film va a ser la chica. Casey Gagliardi por su parte tampoco consigue ser mucho mejor. Pero por lo menos se le ve voluntad en ello. También es cierto que su papel se presta más a desarrollarse en más facetas. Consiguiendo por lo menos ofrecer emociones según lo va necesitando la trama y el transcurrir del film. El resto del elenco tira a simples comparsas como es habitual en estas producciones donde son simple carnaza para la susodicha bestia, y disfrute del espectador. Bueno, podría destacar al cabecilla de ellos, que es el que tiene algunos diálogos en el film más o menos para cumplir. El guión es muy simple, y no tiene apenas desarrollo de nada en concreto. Imagino que tampoco es lo que buscaba sus dos guionistas. Pero desde luego se hubiera agradecido algo de ingenio. Dentro del film también encontramos una subtrama donde el chamanismo es el protagonista. Que tampoco tiene ni trascendencia ni nada por lo que merezca la pena destacarse. Simplemente está puesto para que la película estire su minutaje. Primal Rage cumple en el cometido de ofrecer espectáculo visual, que es para lo que sirve esta clase de películas. La acción está rodada de forma más que solvente por su director Patrick Magee. Sabe como ofrecer secuencias donde la tensión merece ser espoleada. Pese a sus limitados recursos como producción, aunque su presupuesto fue de unos doce millones de dólares, y por lo tanto tampoco es muy de serie b. Es así como prefiere mostrarla, y desde luego le sienta de fábula al acabado final. La puesta en escena que rodea todo la filmación es lo mejor junto al apartado de efectos y maquillaje. Siendo lógicamente esa la especialidad de su director. Quién se expone a ver esta clase de subgénero del terror, ya sabe que escenas desagradables se va ha encontrar si o si. Aunque no son excesivamente chocantes o repulsivas. La creación del Bigfoot está bastante bien lograda. Dotando el diseño de los mejores elementos que los efectos de maquille pueden ofrecer. Desde luego es ahí donde el film también gana con respecto a otras producciones. En el arte artesanal de recrear a su amenazante estrella. Nada de efectos digitales que al final deslucen muchas producciones. Y que dan sensación de chiste. Soy un enamorado del látex, las prótesis y demás utensilios a la vieja usanza. Si no ahí están las obras que realizó el gran Lon Chaney, apodado “El hombre de las mil caras”. Y que llevaba un maletín siempre a mano con todo lo que iba a necesitar según el personaje que fuera a interpretar. Ya fuera “El jorobado de Notre Dame” (1923), “El fantasma de la ópera” (1925) o “Garras humanas” (1927).

Demostrando que si hay talento para crear personajes reales, donde la artesanía se puede tocar, casi siempre desprende más realismo que la creación de efectos visuales por ordenador. Pero como digo es mi impresión personal por supuesto. Aunque también hay cosas muy chulas creadas desde una mesa de trabajo y un ordenador. Otro aspecto bueno del film es la estupenda atmósfera y fotografía que atesora. Y que es muy importante para recrear las situaciones que viven los protagonistas. La fotografía como decía al principio corrió a cargo del propio Jay Lee. Que supo atenuar o deslumbrar según la escena lo requería. Para mostrar, hacernos intuir o también hacer disfrutar de según que situación demandaba cada momento. El aspecto que ocupa su banda sonora es como no algo fundamental en una película que quiere crear impacto en el aspecto visual. Transmitir emociones y tener algunos efectos de choque según la escena a retratar. En ese terreno el encargado de solventar la papeleta fue el músico Ceiri Torjussen. Músico nacido en en Cardiff (Gales) y que en su haber cuenta con otras bandas sonoras tales como “Funky Monkey” (2004), “Chinatown film project” (2009), “The Devil's dozen” (2013). Su cometido lo cumple con solvencia en el film. Dando apoyo a momentos tensos, pero sin destacar por encima de la media de otros compositores con esta clase de películas. Primal Rage cumple como pasatiempo más que digno. La película es ágil y dinámica, donde desde casi su inicio va al grano. No se detiene en demasía en aspectos o tramas superfluas que estanquen su visionado e interés por parte del espectador (si obviamos esa pequeña subtrama que comentaba más atrás), y que tampoco lastra en realidad el desarrollo de su guión. Una fantástica propuesta de Monster – Movie para los amantes de este tipo de films, aunque también puede ser disfrutada por el público en general. Muchas dosis de acción bien realizada. Algunas gotitas de humor cavernario, y mucha tensión bien resuelta por su director. Como colofón final la película muestra una última escena con la que el espectador especular. Yo desde luego me lo he pasado muy bien con su visionado. No estará en ninguna lista de mejores films de terror o fantástico del pasado año 2018 (menos en la mía). Pero como siempre pasa en estos casos, una película con pocos medios para darse a conocer, es el mayor de sus problemas. Porque no deja de ser ni mejor ni peor que otras producciones con mucho más nombre, y que al final cuando uno las ve, se pregunta si realmente era para tanto. Veremos que nos depara su director Patrick Magee en un futuro espero que cercano. Un saludo desde mi rincón favorito.

Puntuación general: 7/10

(fotos:IMDB.video:Trailers V.S.O.E)

Artículo escrito originalmente para la revista digital Mentero.es

julio 04, 2019

SONS OF ANARCHY:Para vivir a alta velocidad, mirándola a los ojos

En el 2008 se inició una serie televisiva que para muchos sería toda una revolución; “Son of Anarchy” escrita y dirigida por Kurt Sutter. Es más, no ha faltado quien la definió el Hamlet en motocicleta, ya que de hecho los personajes son calcados de esta magnífica obra. Y no será sólo de ésta que tomarán citas de Shakespeare, las encontraremos a lo largo de las siete temporadas que duró la serie.
Más allá de lo que se pueda pensar, y de los prejuicios que pueda tener quien (aún) no la haya visto, esta serie es un grito contra la violencia. Una mirada muy crítica sobre la sociedad americana y su hipocresía, en el uso de las armas, la educación que reciben los niños y las contradicciones en estas cosas. Así que no es la serie que es violenta, sino que es reflejo de esa violencia que desde hace años invade y corrompe la sociedad.
Es una serie de acción pero que no sólo muestra seguimientos en motos y disparos. Una historia que nos habla del amor, de la familia, de las traiciones, de la venganza, de la verdad por sobre todas las cosas, de la libertad y, obviamente, de la muerte. Por eso que calificar a “Sons of Anarchy” como una serie de motociclistas y basta, sería una una minimización y simplificación prematura y totalmente sin sentido.

El cast y el trabajo de cada uno de ellos, ha sido extraordinario. Comenzando por el actor británico Charlie Hunnam, que fue toda una revelación con su personaje: el rebelde y carismático Jax Teller. En menor medida, también fueron una revelación los roles de Maggie Siff como Tara, que terminará siendo la mujer de Jax; y Opie, el mejor amigo de Jax, que es el personaje interpretado por Ryan Hurst. Sin olvidarnos de estrellas como Katey Sagal, que interpreta a Gemma Teller, madre de Jax; y Ron Perlman en la piel de Clay Morrow, que es uno de los fundadores del club para motociclistas SAMCRO. “Sons of Anarchy” (2008-2014) es una serie cruda, que no toma atajos, es directa y real, propio como la vida misma... desde acá te recomendamos de no perdértela.



Artículo escrito por ALMA BAIRES 

(fotos:IMDB)