febrero 11, 2019

WHITE BOY RICK (2018)

El director francés Yann Demange nos trae su segunda película (la primera fue ´71, que la tengo pendiente de ver por cierto). Para esta ocasión la historia se centra en un caso real de un chico de apenas 15 años (al que interpreta el joven actor Richie Merrit) que se convierte en un traficante de drogas en el Detroit salvaje de mediados de los años 80. Como cabeza reconocible entre el reparto se encuentra el gran, si, ya hay que decirlo así Matthew McConaughey. El actor ya lleva unos años en su plenitud para mi, y manteniendo un nivel excelente. El interpreta al padre del chico, un hombre que sobrevive vendiendo armas a los delincuentes locales. Mientras intenta sacar adelante a su hijo (que le ayuda en sus trapicheos) y una hija drogadicta a la que da vida la actriz Bel Powley, otra que cada vez actúa mejor pese a su juventud. En otros papeles menores están Bruce Dern y Piper Laurie (haciendo de abuelos del chico). También cuenta con la presencia de Jennifer Jason Leigh (trabajando para el FBI). El film se sumerge en ese mundo donde la pobreza acecha en las esquinas de un barrio humilde. El personaje conocido al que hace referencia el título verá como sus pasos los está siguiendo el FBI teniendo que trabajar para ellos como informante si no quiere tener consecuencias con el modo en que su padre y el se ganan la vida.
McConaughey interpreta esos personajes que se le dan tan bien, donde como figura paterna intenta inculcarles valores a sabienda de su forma de vida. Tiene moral, intentando que su parte inteligente se transfiera a sus hijos. La película juega muy bien sus bazas, retratando el lado de las calles con la otra cara donde la familia es importante, aunque sus miembros sufran cada uno a su manera. El lado corrupto de las fuerzas del orden son expuestas también como el modus operandi para conseguir resultados. Situando así las dos líneas que dividen la sociedad aún lado y otro de la ley en una delgada línea que se traspasa cuando la ocasión lo requiere.
Estamos pues ante un drama punzante, dirigido con buen ritmo por su director. Que no fuerza las situaciones ni busca la elaboración de un guión complejo y sensiblero. Al que quizás pese su algo acartonada puesta en escena, su poco o nada sorpresa hacia el espectador. Con una narración un tanto lineal y donde lo mejor son los actores en sus roles. La música la firma el compositor alemán Max Richter que ha puesto su marca en films como Vals im Bashir, El Congreso, La llegada y en series como Taboo y Black Mirror. En definitiva una historia interesante que seguir, bien rodada y que se disfruta sin esfuerzo.

Puntuación general: 7/10


(fotos:IMDB. Video:FilmSelect Español)



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